El mismo hogar

Donde me descompuse retorno. En este frescor siguiente a la pasional tibieza del humus descarnado que habitó el suelo donde perecí en las formas de la mente. Hoy, en esta noche, paso a mostrarte especialmente a ti mi nuevo hogar. Por si no te has dado cuenta es el mismo solo que con otro decorado, otro aspecto que espero sea de tu agrado. Como ya te digo el hogar es el mismo a efectos prácticos. Y lo es porque acumula los mismos sueños, el mismo gran sueño si te soy sincero, las mismas ansias de guardar en hermosos rincones más hermosas palabras que hagan tañir los corazones, los insondables pechos humanos desbordados de maravilla. Es la misma meta pero, deseo, distinto viaje. Como aquel muchacho que salió de su casa para llegar a unas temibles pero indudablemente hermosas montañas. Unas montañas que en realidad fueron Montañas, un valle que fue Valle para, finalmente, dar con sus pies a un mar que era, cómo no, Mar. Y que llegó acompañado de su hermoso amigo de ojos de ámbar fundido y el amor de una joven que lo esperaría ya en cualquier lugar. Que lo encontraría en sueños.

Reclamo, de nuevo, la paciencia a tus pupilas. Que seas igualmente ansiosa en ilusión pero comprendas mis crisis, mis baches de locura estúpida y los destellos, que los tengo a veces, de locura borboteante. Lo aceptaste en un contrato en el cual tu firma aún figura y, para mi regocijo, pienso que con la tinta tan fresca como lo estuvo en el parque de al lado de mi casa al que fuimos tras perder unas entradas de cine.

Exacto. Hablo del primer beso.

Y ahora me acuerdo de la banda sonora de cuando redescubrimos Nunca Jamás por separado y lo hicimos juntos por primera vez. No puedo decir que no duela dar el paso adelante y cambiar un cuerpo por otro, pero era necesario. A veces algo dice desde adentro que necesita cambiar de sombra, sentir el sol desde otro lado.

Aquí estoy. Confiando en creer en mí, en renovar la fe en mis instintos y no renunciar a mis pasiones. En poder mantener el ritmo de sonrisas mientras sé que aguardas una nueva intentona de tocarte el alma, y de hacer de ese intento algo extensivo a quienes encuentren mi rastro y traten de cogerme entre sus dedos mientras me desparramo en cada renglón.

Con sumo placer e inconcebible amor. Ya he vuelto, cambiando de lugar y siendo algo así como un caracol o un ermitaño… Con el hogar a cuestas.

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1 comentario

  1. Bruja said,

    octubre 20, 2009 a 12:26 am

    No puedo evitar -ya me conoces- el dejarte una sonrisa…

    🙂
    Eterno serás. Mon soleil.


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