Credo.

Era tarde, otoño si no recuerdo mal. Tal vez la hora rondase la que ahora se podría reflejar en estas líneas si copiase el dictado del reloj. Pero no voy a hacerlo. Cuestión de creerme o no, cuestión de libertad. Como la que disfruté durante aquella breve charla de, aproximadamente, una hora. A lo mejor un poquito más. Se me hizo muy corta, me resultó realmente intensa, puramente viva.

Cuando regresé a casa vi que me estaba esperando. Qué iba a hacer si no aguardar a ver mis pies adelantar a mi propio cuerpo para llegar hasta ella. Hacía rato que no nos veíamos, desde por la mañana, pero no habíamos dejado de estar juntos en todo ese período.

Al verla no pude reprimir una sonrisa pero no fui hasta ella inmediatamente. Me detuve para quitarme la chaqueta y me dirigí a la izquierda del salón donde reposaba el equipo de música, vigilando desde una extraña pero útil estantería poblada de libros tan utilizados y mayores algunos que incluso crujían al abrirse. El equipo de música, en realidad, era algo más que eso, pero lo utilizábamos principalmente para ese menester. Cargué los datos de una memoria portátil en el reproductor. No lo dudé, Tool, Schism, y el propio equipo se encargó de generar una lista de canciones acordes al estilo y estado de ánimo sugeridos por la primera.

Me devolvió la sonrisa de tal modo que pensé que la luna se había colado en casa. Pero afortunadamente no fue así, ya que de haberlo sido habría sido privado del tacto caliente y grato de la carne de la que era ya, desde hacía años, mi mujer. Muchos años. No tantos. En sus ojos vi lo que quería.

-Así que te intriga saber de qué hemos hablado,  ¿eh? – encogió los hombros como dejando la elección a mi entera libertad, pero no iba en serio. No cuando ondeaba la tela de su ligero pijama por entre las formas de su cuerpo. Yo no iba a plantear batalla, no quería, y aun habiendo querido habría perdido igualmente.  – ¿Qué quieres saber?

Sabía perfectamente que las conversaciones con el Eje eran absolutamente privadas, pero tanto Él como yo, sabíamos que mi mente era para ella, al igual que para mí la suya. No había secretos, y el Eje supo aceptarlo. Prefirió arriesgar su intimidad, incluso su orgullo, a verse abrazado por el silencio absoluto y la hiriente y gélida soledad que cocina el dolor y la angustia hasta hacer fermentar el odio en las almas.

– Quiero saber aquello que estés dispuesto a contar – mi sangre se convertía en lava a cada paso, y mis músculos se magmatizaban con cada precipicio que encontraba en su sonrisa. Podría colgarme de sus labios y dejarme caer sin importarme morir aplastado por sus dientes y su lengua. – Dime…

Como ya he dicho no había plan de ataque, ni tampoco de defensa.

– El Eje quería saber cómo empujar la imagen de Aquel hacia el hogar espiritual de todos los hombres. – El Eje, perdón por no haberlo explicado antes, era el líder político-espiritual de Neópolis, y Neópolis era una estructuración urbanística tecnologista y mecanizada que, tras haber contemplado cómo el trabajo podía ser realizado en su compleción por máquinas mucho más precisas que los hombres, decidió emprender una senda de evolución espiritual. Lamentablemente, como suele ocurrir, algunos decidieron que dejar a toda una ciudad que eligiese libremente qué camino seguir sería el inicio del caos. Bien, como predije y como ahora el Eje lamenta, se equivocaron.

Esto desencadenó, como no podía ser de otro modo, revueltas del pensamiento, del derecho inalienable del libre albedrío y de la ejecución personal basado en la autoconsciencia e identidad propias de cada uno. Pese a ser muy pasional nunca dejó de ser algo lógico. Sin embargo, a pesar de ciertas disidencias, se eligió a un gobernante que en realidad no era gobernante porque todo en Neópolis se basaba en la Libertad pero que, siendo sinceros, sí lo era porque seguía unas pautas de control de los que se hallaban en las sombras, de aquellos a los que la Libertad ajena les producía sarpullido.

El Eje no era estúpido, sabía bien qué era lo que había pero no desacreditaba por completo a los otros. Digamos que estaba en una posición comprometida y, a mi parecer, ciertamente angustiosa. Algo así como el que cría bisones pero solo puede subsistir si hace un pacto con una multinacional textil de pieles. Ahí es donde, más o menos, yo intervengo. Cuando el dolor de verlos morir se le hace insoportable a la vez que su auténtica, y públicamente disfrazada, condición humana. Porque el Eje tiene familia. Somo pocos los que lo sabemos, pero ya somos demasiados.

En cualquier caso, por condiciones fortuitas que, tal vez, relate en alguna otra ocasión si tengo oportunidad de ello, a veces tengo el placer de ser llamado a una audiencia amistosa, absolutamente no oficial, con el Eje. Entonces, hablamos, sin buscar ninguna aplicación sobre el pueblo. No es ese el objetivo, el objetivo es buscar esa aplicación sobre el propio Eje. De ahí venía, de ahí ella me estaba esperando.

– A veces le ocurre. ¿Crees que se está haciendo mayor? – inquirió, con un tono jocoso pero ligeramente malvado.

– Es apenas unos diez años mayor que yo. ¿Qué esperas que te responda? Aún es demasiado pronto para admitir ciertas, cosas, pequeña.

– Entiendo… Bueno – dijo, siguiéndome al sofá y colocándose a horcajadas sobre mis piernas, mirándome fíjamente – qué te ha dicho. ¿Habéis hecho política…? – Lamento no tener tiempo ahora, pero juro que me habría encantado exponer las implicaciones de esa última frase en los tiempos actuales y el marco diplomático, por decirlo de algún modo, que abraza a toda Neópolis. – No me mires así, venga, n te enfades.

– No me enfado, ya te he dicho lo que quería.

– Entonces dime, qué le has respondido. ¿Cómo se puede empujar la creencia de los hombres?

– La clave es esa. Tú tienes la respuesta. Todos la tienen, no se puede… Pero conviene mantener la distracción, agotar energías, erosionar.

– ¿Te ha erosionado mucho? – dijo, al principio murmurando para terminar en una sonora carcajda.

– No. Eso tiene un tiempo límite. Una vez alguien ha encontrado su credo… – ¿Qué pasa entonces? ¿Tienes el tuyo? – me interrumpió algo impaciente. Quería saber, le encanta saber, conocer, disponer. Le respondí que sí.

– Verás, – comencé- una vez alguien encuentra su propio credo ya no es que sea difícil despojarlo de él, es imposible. Y lo es porque se adhiere de forma natural a la identidad, a la idiosincrasia emocional e intelectual de cada uno, del mismo modo que las moléculas entre sí para conformar una u otra proteína.

“Digamos que es algo así, que el credo de cada uno es su proteína básica y más completa para desarrollar su existencia espiritual. Si eso ocurría ya, como muestran los registros históricos, hace siglos no hace falta explicar cuál es la relevancia en el tiempo contemporáneo. Y cada cual encuentra su propio credo de una manera aleatoria, casi casual, en la mayoría de los casos. Sin embargo lo esencial de todo esto es que a todos los individuos se les presenta como una evidencia que por fin les es permitido contemplar, de la que disponer, para enlazarla a un razonamiento existencial de sus vidas, para saber cómo enfocar su tiempo, en qué dirección caminar. Por ejemplo, en mi caso, mi credo eres tú. Mi credo eres tú y la literatura que puedo derivar de cada instante contigo. Tú eres esa proteína indispensable para desarrollar mi espíritu, y cualquier beso, roce o lugar donde yacer o abrazarnos es el ejercicio de nuestra iglesia. Solo nosotros somos nuestros ministros, los ministros de nuestra fe y por eso mismo nadie nunca podría explicarnos, o al menos explicarme, que Aquel es la razón verdadera. Porque ya tengo mi razón. Porque todos, antes o después, la encuentran. Y, si te soy sincero, suele ser cuestión de tiempo. En el momento en el que alguien es capaz de generar líneas propias de pensamiento es capaz de convertirse en el Eje de sí mismo. Resulta que el hecho de comprender tu propio credo te hace darte cuenta de cuánto significa para ti, y eso despierta, inevitablemente, un efecto empático respecto a tus congéneres. Sobre todo en estos días, en este orden social. Como ya te he dicho, por mucho que hablásemos el Eje y yo sobre cómo encauzar los planes que se reservan para nosotros, para el pueblo, no tendrían forma de conseguirlo.

No mientras nuestro pensamiento sea libre y, por ahora, no disponen de medios para coartarlo. Ya sabes qué es lo que le he dicho. Le he dicho que mientras haya unas sábanas que nos den cobijo en las frescas noches de primavera y un lago, o río, que nos preste sus aguas para vestirnos, no habrá forma de distanciarme de mi creencia y percepción del mundo. Es más, ni aunque se secasen todos los lagos o ríos y todas las sábanas del mundo fuesen roídas a la vez, ni aun así, podrían desviarme de mi camino. No podrían porque, además, nunca acabarían con la primavera y siempre estaría tu cuerpo dispuesto a calentar el mío y el mío a devolverte el favor. Le he dicho, sin más, que es sencillamente imposible hacer descreer a un hombre de aquello que considera cierto y que, por ello, forma parte de él. Nadie, nadie, deberá ser nunca convencido de que su existencia es intrascendente, completamente pasajera y vacua.”

Pese al cansancio, pese a la extensión del discurso, pese a todo… Antes de que pudiera darme cuenta su pijama planeaba sobre el salón y mis manos la cubrían con el aire tibio que se formaba de nuestro contacto. Era tarde, pero para nosotros temprano aún. Éramos una absoluta verdad, una verdad autoconsciente, libre, y pura.

Anuncios

1 comentario

  1. Bruja said,

    octubre 22, 2009 a 11:31 pm

    Una razón verdadera en la que confiar y que me llene tanto que sea eterna en mis mecanismos, que brille todos los días porque ya es un elemento más de mi propia vida, indispensable -como dices, como esa proteína- en mi organismo y en la pequeña parte del mundo que me rodea.
    Mi credo.

    Creer con fuerza en algo siempre me va a hacer falta. En algo que me responda, que no permanezca etéreo cada día. En algo, o en alguien, claro, todo puede ser…

    Cómo me gusta que me hagas libre y me emociones de esta manera. Pequeño.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: