Te debo tus sueños, esas nubecitas de alma, con forma de Torre Eiffel que uso para impulsarme y coger vuelo. Te debo esa paciencia casi maternal cuando me inquieto por minucias y me entristezco y me creo que me derrotan. Te debo esa ciega y suicida costumbre de creer en mí, de sentir en mí y de dejarme hacerlo contigo.

Te debo muchas de mis palabras, bastantes páginas y una cantidad de tiempo enorme que espero esté compensada. Te debo el olor de mis sábanas, los días de lluvia en otoño en los que te puedo asistir. También te debo casi la forma toda de lo que soy, pero habrás de disculparme si me quido la arcilla, aunque ya era.

Pero era otra cosa. Te debo todo  eso y más, aparte de tus ganas de soplar para que agite las alas, ya ves… Yo me debo hacerte caso.

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1 comentario

  1. Bruja said,

    noviembre 8, 2009 a 7:51 pm

    Y yo que me quieras 🙂

    Con forma de Torre Eiffel, oh, là, là…


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