Si te toco me enciendo, si me tocas me fundo. Me pierdo en el cuero de tus pantalones, me quedo con tu olor. Percibo música en tus gemidos y en cada golpe, en cada acento del ritmo, se dibuja un pulso universal. Comprensible para cualquiera. De tu forma desnuda robo el calor disparado de tu piel y adivino los temblores del alma.

Me quedo con todo.

Y luego, cuando estoy solo, la memoria me lleva más allá de la razón, a los antojos del tiempo. Te vuelvo a ver ante mí apretada, rozándonos como bestias salvajes casi, comiéndonos el aire que nos separa. Cualquiera diría que con eso nos vale para alimentarnos.

Me posee el recuerdo. La imaginación me gana.

Pero estoy solo. Repito que es luego, cuando te has ido. Entonces me voy hacia mí mismo, desciendo a la introspección más atávica e íntima. Me dejo llegar, la partida ya está hecha; la historia otra vez escrita. Retorno de nuevo al jadeo, a la humedad, al termómetro que no da abasto y en un momento de fulgor dibujo en el espacio que me aloja caprichosas constelaciones blancas que estallan contra mi pierna, contra el suelo.

Me quedo quieto. Nos hemos ido. De nuevo.

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1 comentario

  1. Pichula said,

    noviembre 16, 2009 a 12:34 am

    Lo tenía abierto ya, sólo he tenido que actualizar 🙂

    Noviembre me pide una tarde de esas que anochece tan temprano contigo en la cama dejando pasar el tiempo debajo de las sábanas.
    Que lo sepas!


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