Si la hubiesen visto.

La deberían haber visto. Si esos estirados del consejo la hubiesen visto entonces no habrían dudado de quién era ella. ¿Pero, pero cómo pueden estar tan ciegos? Por los dioses, por los dioses. ¡No puede ser! Y tú, tú, grandullón, no mires hacia otro lado como si no hubiese nada que hacer. Sabemos, sabes, ¡sabemos, claro que sabemos!, que sí que hay dónde meter las manos.

No estaré de pelele de su agriado humor y nefasto intelecto. Vaya que no. Vaya, vaya. ¿Acaso alguno de vosotros dos ha tenido duda alguna vez, desde que la viera llegar, de cuál habría de ser el destino que la aguardase? Grandullón, ve, ve hacia allí. Acércate a ese árbol. Sí, a ese, a ese. Oh, oh, qué riquísimas manzanas. ¡Qué riquísimas manzanas!

Cogmog decíag, eszoz imcomgpetnztez deg conzejo… Oh, qué delicia. Ellos, ellos serán los responsables y teg digog que la cuzpa zerá toda de elloz. ¿No queréis ninguno un poco de manzana? Está muy rica pero creo que se me va a hacer grande y def todof modoz el grazdullónz se eztá acegcangdo a un melocotonero… ¡Pero eso no es lo que importa!

Lo que importa de verdad ezqge si la hubiezen vigto lo zabrían. ¡Pero, pero, pero si he visto barro en tus mejillas, grandullón, y tú, tú, a ti, a ti mismo te he visto temblar y alborozar en algarabía! Es indignante, ¡es indignante que crean que nos equivamos de tal modo! ¡No, no quiero comer más manzana! ¡Ni quiero callarme! Ni hablar, esos desgraciados traerán con su acomodo la desdicha a este mundo.

¿Sabes qué pasa? ¿Sabéis qué pasa, amigos míos? Que no la vieron llegar desnuda y vestirse de polvo de estrellas, ni la vieron sudar en cada uno de sus entrenamientos con los que estará lista para la lucha. Qué va, ellos no han oído el testimonio silencioso del Maestro de la Espada, el gesto serio y grave, asintiendo en una leve sonrisa.

¡Una leve sonrisa del Maestro de la Espada es mucho más de lo que el mejor guerrero podría soñar! Tiene el poder y son incapaces de verlo. Algo se lo impide porque es algo evidente, ¡es evidente! Cómo negarlo. Pero no os preocupéis, no os preocupéis porque no dejaremos que el veredicto acabe con ella.

Tú, grandullón, gigantesco amigo mío, guíanos cuan más raudo mejor hasta ella. No podemos dejar que esos estúpidos acaben con todo, con sus sueños y con los nuestros. No, de ninguna manera, de ninguna manera. Ponte en marcha. ¡Ve pensando en algo, no estés tan pasmado! De verdad, me exaspera, a veces tu tranquilidad me exaspera pero bueno, eso no es importante.

Lo importante es que estemos los tres junto a ella. No olvidéis esto, ¡no lo olvidéis!, ella es la Princesa. Es la Niña, la Niña Diosa y no podemos obviar el mensaje de los cielos. No podemos ser como esos bobos, babosos, del consejo. De ninguna manera. Si la hubiesen visto lo sabrían…

Gante, a prisa, y tú, Quilo… ¿Quilo? ¡Por los dioses, Quilo, Despierta!

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