Te lo juro.

No pensaba que tanto necesitase saberlo. Ni pensaba que mi madre pudiera estar tan dolorida por dentro, tan en carne viva las entretelas del alma. Me dice “lo siento” cuando ve que tapo con mi brazo los ojos arrasados anunciando abril lluvioso. Lo siente por lo mismo que yo, porque no pudimos tenerlo.

Y yo pienso en cómo es posible que una persona con tanto amor, con tanta seguridad a la hora de discernir el camino adecuado, pudo cometer semejante equivocación. Me estremezco al pensar en cómo tuvo que sufrir él al darse cuenta de lo que perdía, cuando se diese cuenta de que lo mejor que había hecho en su vida seguiría avanzando por delante de él.

Llevándose algún recuerdo y un mundo inconmensurable de deseos. De preguntas, de dudas. De lágrimas esporádicas y repentinas.

Cómo se puede patinar de ese modo. Y cómo puedo ir yo desde estas lágrimas a hablar con él, a preguntarle por qué y lloraríamos los dos. Estoy seguro. En lo que dura un sueño escucharía su risa de nuevo y me parecería nueva porque comprendo como un hombre aunque sueñe como un niño. ¿Podría pedirle que me enseñase a dibujar en ese lapso de tiempo? Yo podría escribirle algo, leérselo. Decirle que lo amo y que sufro también su dolor y el mío y que deseo abrazarlo. Daría tiempo a eso… Solo a eso.

Si solo pudiera verte. Llevar a mamá de la mano y hacer que os encontraseis de nuevo. Algo así como un anuncio de cocacola pero a lo grande. Ver cómo os amabais. Saber que os queríais hasta que doliese, igual que quiero yo en estos días.Pero, en serio, no puedo comprender cómo la jodiste de esa manera.

Y mis sollozos no dan respuesta, ni la jaqueca que se despereza tras el llanto, ni los pulmones gritando al aire que no escape. Solo quiero saber una cosa, ¿dónde estás y cómo puedo encontrarte? Para besarte la frente, la mejilla, la voz y los ojos. Abrazarte junto a mamá y mi hermana y que se hiciera real la sospecha que tengo.

Te presentaría al futuro de mi vida y sé lo que me dirías porque ya te escucho. Aun así mi tacto no se conforma, porque no te recuerda, porque no te conoció. Porque te amamos a flor de piel pese a tu ausencia toda.

Dime, una vez más, papá… ¿dónde estás y cómo puedo llegar hasta ahí? Me da igual que haga frío en las nubes, me abrigaré lo suficiente para estar un rato. Te lo juro… Te lo juro.

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