Vas con los que diste de vivir y de morir.

Ni santo ni inocente. Y tampoco he estado con Mario, aún no lo conozco, pero sí sé algo de Azarías. No mucho, solo recuerdo su amor por la milana. También apreté los dientes cuando se acercaba el final de El Hereje, cuando lo descoyuntaban. Cuando abrazaba su fe reformista con la misma fuerza, pero sin la crueldad, con la que la Inquisición constreñía al pueblo bajo su codicia disfrazada en la palabra y el amor de Cristo.

Han sido ochenta y nueve años; unos cincuenta de una figura cuyo talento querría para mí, cuya facilidad para el texto. Su prosa tranquila, contundente. Su densidad, a veces, es un pequeño precio a pagar que, en realidad, pasa desapercibido bajo el genio latente, y enseguida obvio, del director de la sinfonía literaria de cada página.

Tampoco soy un sabio ni un incondicional. Soy otro más que disfrutó leyéndolo, que se sintió orgulloso de tener ciertas similitudes con él, ciertos atisbos del alma de un color parecido… Como mucho habrá cuatro o cinco como él por siglo, tal vez a mí me toque ocupar su lugar, milagro mediante, en este veintiuno, eso sí, salvando las insondables distancias. Creo que ya no se escribe como antes.

En cualquier caso puedo sentirme orgulloso de que compartiese su cultura conmigo, de que seamos hijos de la misma patria por muy distantes en el tiempo que nos encontrásemos, por mucho que no conociese mi cara ni yo su risa o sus ojos. Es un sentimiento extraño de afinidad, supongo que se debe a que creo que los dos, como muchos otros antes y ahora, recibimos el líquido mágico de las ubres de la palabra, del texto y de contar historias.

Estoy hablando de un sueño… De un sillón con una letra e minúscula que se queda vacío hoy en cuerpo pero estará eternamente lleno de alma.

Es la seguridad de que Delibes, porque no creo que pueda llamarlo Miguel aunque quiera, no se ha ido como muchos dicen. No importa cuánto se alargue la sombra del ciprés, puesto que la inmortalidad es inalcanzable.

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1 comentario

  1. Bruja said,

    marzo 12, 2010 a 4:16 pm

    Sabes qué he pensado al ver la noticia? Que es cierto eso de la inmortalidad, que al conocer a Delibes como un escritor “de esos famosos”, nunca me había preguntado si seguía vivo, y resulta que sí… Para mí sigue vivo, porque sigo teniendo en mi estantería tus Santos inocentes para leer, y es como si tuviera una cuenta pendiente con él, yo él conmigo, todavía por saldar.

    Qué bonito, pequeño 🙂


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