Niño.

Sigue soñando, niño. Sigue esforzándote en tu creencia, sigue viviendo a tu modo, respeta al máximo y llora cuando no puedas más. Aguanta el dolor y exprésalo con los que te aman, diles que te alivien, diles que lo derramarás sobre su pecho para que no se extienda, para que lo puedan tomar y cambiarle el color, el aspecto y la forma. Pídeles que te lo permitan y verás que acceden, que asienten, y que en sus ojos se ve la misma súplica, la misma confianza, cuando los abatidos sean ellos.

Sigue así, hijo mío, sigue luchando en la forma que lo haces, sigue creyendo que hay una forma, que hay un modo, porque no estás solo. Desenrédate de la derrota, envuélvete la carne y extrae tu alma para elevarla a las estrellas. Asegúrate de dejar una estela que otros, los que quieran, puedan seguir. Así, así verás que no estás solo.

Por eso, niño, no te amedrentes. Agótate durante el mandato solar y ya reposarás en la voz silente y plateada de la luna, te reparará el abrigo nocturno, la oscuridad discreta te abrazará para devolverte a lo inicial y tu mente y tu cuerpo serán nuevos pero no reiniciados.

Aguanta, aguanta cuanto puedas y sé firme a lo que sientes, siempre a lo que sientes y, sobre todo, nunca te avergüences de tus emociones. Asúmelas, afróntalas y  trata de aprender de todo lo que ofrecen. Aprende también que nunca podrás estar siempre orgulloso de ser quien eres pero cuando te des cuenta de eso verás que es un orgullo ser capaz de dar el paso con el que reencontrar el sendero.

Y así hasta que mueras. Hasta que mueras y tus huesos caigan al foso y la tierra reclame lo que es suyo y tú devuelvas lo que tomaste prestado. Asegúrate, entonces, cuando eso mismo esté ocurriendo y seas consciente, de que el préstamo fue útil, de que la Tierra no dudará de lo valioso de tu tiempo y que tu tiempo será válido si tu mensaje se mantiene.

Obra del modo en el que sepas que eres justo y lo justo es obrar con los demás del modo en el que te gustaría que obrasen contigo. Sin embargo recuerda, y mantén esto presente, que no todos lo harán así y que es parte de la vida, de la criba y del aprender, ser capaz de aceptar tal cosa por mucho que duela.

Pero sobre todo no desfallezcas, no lo hagas del todo, hasta que te toque caer.

Mientras tanto, niño, hijo mío, quien seas y sin importar tu edad, cree; sueña.

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