Viejo.

No muy bien, viejo. La vida se me está quebrando igual que se quiebra un palo bajo las mandíbulas de un cachorro fuerte. No sé cómo llevarás las cosas por ahí, pero por aquí se me tambalea el mundo. Es tan dura la verdad a los ojos de los hombres… Tanto más a los ojos de los honestos.

Por eso me ves con este rostro. Con la seriedad marcada más allá de las pestañas, y los párpados, incluso. No tengo mucho tiento para sonreír ahora mismo. Necesito fuego, un buen mechero, y estoy cansado del paseo. A lo mejor la pipa me calma. Recuerdo que tú solías fumar en pipa. Pues bien, dudo mucho que alguna vez comprases un tabaco tan duro como el que compré yo ayer.

Es jodido. Para putos hombres duros y, sinceramente, creo que estoy algo por debajo del nivel. En general, considerando todos los aspectos, la globalidad del concepto en sí mismo. No sé, pero es una estupidez remolcar un navío contra las olas… Más aún si el navío lo atas a tus espaldas.

Aunque no importa. No hay ruinas que no sirvieran para edificar algo nuevo. Los callos del corazón serán el cuero curtido para un valor renovado, para un bombeo más determinante del combustible rojo.

Me dejo mucho por contar. Se me ha ido el santo al cielo. Espero a un amigo, ¿sabes? Él tiene mechero y podré, a lo sumo, intentar dar dos chupadas a la pipa sin que se me apague. Perderme en el sabor oscuro y denso, amoldarme a la sensación de rechazo.

Tengo que despedirme. No sé cómo van las cosas a ese lado del mundo pero aquí todo avanza. Llámame estúpido si quieres pero no quiero perderme el sonido de la demolición, el estruendo del castillo precipitándose, sobre sí mismo, en caída libre.

Cuídate, viejo. Ya nos veremos.

Vientos más propicios

A lo lejos, hacia el sur, se extiende aún una capa de espuma gris sobre el suelo de la ciudad. La nubosa armonía ha cobrado ese color ceniciento y azulado, revelación de su seno, y se inicia una incertidumbre, una tensión, sobre el desenlace que habrá de sucederse.

El suelo, la tierra, se mantienen en una tensión preocupada, preguntándose si acaso sucederá la catástrofe, si habrá tenido ya lugar el desencadenante fatídico por el cual las nubes solo estarán flotando, en la promesa de un regalo nutritivo y crucial, hasta encontrar vientos más propicios que las lleven a un suelo nuevo, un suelo amable, amante, y mejor.

Así circula el silencioso pero evidente testimonio de las hojas de los árboles, verdes testigos y evidencias de los beneficios de la lluvia, y las ramas arrancadas de la potencia de las tormentas. Pero mientras llegue, mientras llegue el agua, no habrá otra amante a la que esperar, a la que se anhele durante los fríos días de invierno y la aridez de agosto y septiembre.

La vida de la ciudad, hoy, se pregunta si no habrá sido ya invocada la tragedia… Si no será que este viento fresco y azul es el cómplice que se lleve el agua, la tormenta, a un lugar que ésta haya conocido recientemente o que recientemente haya redescubierto.

Hacia el sur he mirado y he visto todo eso, también hacia el este y hacia cualquier lugar al que dirigiera mi vista. Me he detenido un segundo y he encontrado que era, exactamente, yo mismo un reflejo de esta mañana, de esta ciudad y de esa incertidumbre.

Porque igual he perdido mi lluvia, mi tormenta, y habré de quedarme sin hojas verdes, sin ramas arrancadas.

Qué esperas entonces.

– Dime, ¿qué sabes de todos cuantos te han precedido? – la sonrisa se intuía ya en la boca del hombre. No era particularmente anciano pero tampoco era joven. No, no lo era.

– ¿De quien me ha precedido? – El desconcierto era evidente en el muchacho. Esa expresión en el rostro que delata que no has pensado en algo y que, súbitamente, ese algo se convierte en fundamental.

– ¿Qué esperas entonces? ¿Cómo esperas tener un pensamiento útil, ideas novedosas, si desconoces cuanto ha ocurrido antes que tú?

– No lo sé… Qué dices, a qué te refieres.

– Supongamos que vives en un octavo piso…  – su gesto se tornó serio. Con la severidad, incluso, de quien marca algo evidente pero que, casualmente, no lo es tanto. – ¿Cómo esperas llegar a tu casa si no pasas antes por todas las alturas previas correspondientes a los siete pisos anteriores?