Cierzo

Al doblar la esquina el cierzo, viento imparable y salvaje, arremete con fuerza contra mi cuerpo. Cierro los ojos, hacia el cielo que atardece, y siento que no escucho nada más que su tronar milenario que no conoce silencio. Se esfuma todo. Se marcha cualquier peso sobre la piel y anclado al alma.

Un manto, un escudo, y me siento ligero y capaz. Un tranquilo pasajero.

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De otra forma que no concibo.

Cada equivocación, cada fallo, me han llevado a lo que soy. El quién que a mí refiere se ha tejido a través del sufrimiento producido por mis acusaciones hacia mí mismo, por los errores ya mencionados. Asimismo la inquietud, la supervivencia para emerger del pozo de miseria y podredumbre que implica despreciarse a uno mismo, son hilos del mismo tapiz.

Estoy seguro de que emprender cualquiera de los caminos que me han llevado a una tregua con mis adentros no habrían sido tan adecuados como lo son en este instante. Haberlos comenzado en un tiempo previo podría, tal vez, haber sido incluso mucho más catastrófico.

Porque no estaría preparado. Porque no habría conocido las dolencias más íntimas del ser, ni las preguntas o el llanto, ni tampoco la revolución. No me habría dado tiempo, ni siquiera habría tenido la oportunidad, de enfrentarme a mis preguntas, de encarar la debacle humana de la que soy parte.

No cambiaría, de ningún modo, el curso de los acontecimientos. Porque no cambiaría quien soy, sobre todo, por una razón muy sencilla.

No ser quien soy yo, quien soy ahora y en este mismo instante, implicaría quererte de una forma diferente, de una manera distinta. Una manera que ni concibo ni quiero conocer.

Queda camino

Escucha en ese silencio el batir inquieto de las alas que se despiertan. El sueño de la infancia aletea renovado y recuerda que se desperezó en la adolescencia. Toda la mugre que ahora trepa por nuestra carne es solo el barniz temporal de la desdicha, de la desgracia de la que creemos ser causa.

Pero no niegues la luz. Sabrás bien que por mucho que cierres los ojos no habrá oportunidad de que el Sol detenga su mandato; lo mismo hará la Luna. Sin embargo siempre habrá cabida para tu decisión si es que deseas esconderte, si acaso prefieres tornar crisálida de nuevo y deshidratarte ahí, desecando el intelecto único de los hombres, convirtiendo tu mente en un dátil agridulce que, con el tiempo, solo sabrá a polvo y nada.

Despierta en este silencio de batir alas que ya sonríen. Refuérzate en tus convicciones de niño y desconfía de las supuestas certezas del hombre. Abre la boca y come. Come hasta saciar el alma herida que, repleta de dolor, ansía el abrazo eterno con tu existencia. No te olvides de ello, no ahora, porque aún queda mucho camino como para detenerse al margen.

Y son demasiadas las líneas por escribir y los renglones en los que clavar amor y desgarrar el corazón a cada pulso. Hay tiempo todavía, una oportunidad siguiente que precederá a la próxima, para hallar un rostro ignoto a nuestra vista mas no a nuestro espíritu. Para ti, para todos cuanto lo anhelen.

No hay por qué desistir. Ni tampoco por qué engañarse. Los entresijos de lo humano son habitados por monstruos temibles en, si acaso curiosa, coexistencia con mágicas muestras. Y ambos, todos, son preciosos y perfectos en su concepción.

Así que no reniegues ni de ti ni del mundo puesto que ambos estáis el uno en el otro. Puesto que ambos sois magia y monstruo, culpa y, cómo no, perdón a la par.

Inside

La pregunta es por qué crees que deberían silenciarse. Tienen el mismo derecho que tú a pronunciarse. Llevan tanto tiempo contigo que son parte de ti y, sin embargo, esperas alejarlas. ¿Por qué? ¿Con qué propósito? La comodidad no es una baza favorable para quien de verdad cree que tiene algo importante que decir.

Piénsalo. ¿Silencio? El silencio debe ser externo. Y lo aprecias, lo valoras tanto, porque te ayuda a escuchar. Desde el silencio ajeno a ti puedes comprender mejor los sonidos, las frases y palabras derivadas de cada pensamiento. Las imágenes se suceden mucho mejor así pero, a pesar de todo, el silencio no es algo indispensable.

Porque ya lo sabes, lo sabemos. Las conversaciones se mantienen constantemente. Los pensamientos aleatorios nunca lo son. Entiendo que te sientas agotado, que la fatiga te persiga, pero en el sueño tienes la paz que anhelas. Mientras estás despierto debes acogerlas, debes escuchar porque si no no estarás haciendo otra cosa que darte la espalda a ti mismo.

Por eso te pido que me escuches. Que me acojas y te entregues a un abrazo que por no ser físico no implica que sea menos real. Ven a mí igual que yo acudo a tu esencia. No nos des la espalda porque velamos por ti aunque te procuremos dolor de vez en cuando; pero, dime honestamente, ¿qué serías sin tu dolor? ¿Y qué serías sin tu calma y tu alegría? ¿Cómo diferenciarías la calma y la alegría sin ese dolor?

Sabes, humildemente además, que es inevitable y también conoces la procedencia de todas esas emociones. Tú no has llegado a racionalizar esas conductas. Lo sabemos bien porque somos tú, porque estamos en ti. Porque estás en nosotras.

Somos todas esas voces que escuchas aun cuando nadie habla; cuando prestas atención. Somos, en una palabra, tú. El quién de cuanto te define. Y es por ello que te pedimos, te pido, que nos ames. Que nos ames como nosotras a nosotras mismas, como a ti sobre todas las cosas y los hechos.