Y para más.

Para abrazar a quien tiembla, para dar calor al que tirita, para darle sueños al que no puede dormir. Para alimentar el alma del hambriento, para paliar la sed de los pueblos perdidos, para quien se aísla poder ofrecerle un campamento común.

Para darle algo lleno a quien está vacío; y ofrecer un camino a otro lugar para quien está estancado y ya no avanza. Para que los muertos nunca mueran del todo y para que el amor no se recuerde por los dolores que acarrea. Para guardar la sonrisa de un niño, para no poder definir jamás la felicidad, para que vivir tenga sentido más allá de todas las cosas.

Para tenderte mi mano cuando no puedas más, para decirte que sigo aquí y que si me espantas volveré. Para que siga habiendo misterios por descubrir, ideas que pensar; para tener algo que llevarse más allá de la mesilla de noche. Para que se recuerde la sangre honesta que curó heridas amargas.

Para eso… Para eso, la palabra.

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Hojas de otoño.

Los segundos crujen a mi espalda como las hojas de otoño que aplasto hasta encontrarte. En la noche camino de paseo con el viento, apretado en mi sudadera y con el pijama debajo del chándal. Le doy chupadas lentas a mi pipa y ese acto se me presenta como un símil fraudulento de cuando te beso.

El color está en tu piel y en cómo huele. La vida está algo perdida de cromatismo cuando no te encuentro, ya sabes. Pienso en una canción concreta, y antigua, que reúne todas tus verdades. Resulta raro que se te pudiera definir tantos años antes de que existieras.

En el autobús lo de siempre, solo que hoy me he echado una cabezada. Nada serio, solo un par de vueltas al segundero en su maratoniana labor. Creo que no se ha dado cuenta. Mientras me medio dormía escuchaba la conversación de dos amigos. No entendía muy bien qué quería decir él, pero sí que ella ha quedado convencida.

Teóricamente yo volvía a casa pero en realidad solo me he topado con tu ausencia. No suenas igual de bien a través del teléfono, eso deberías saberlo y por ello deberías hablar mucho más en persona. ¿Y mañana? Seguramente mañana apareceré con el cerebro licuado, restándole días al mes, estaciones al calendario.

No puedo hacerlo de otro modo. Trato de vivir cada instante, ya sabes, pero tú estás en todos; tú eres todos. Los lugares y las horas. Los días tienen tus sueños y las noches el movimiento de tus caderas. Es difícil dormir así, y muy complicado mantenerse despierto.

Pienso en la suerte como un conjuro extraño, arbitrario, pero siempre bienvenido si te trae de vuelta a mi pecho. Nunca te vas realmente de ahí. Si te soy sincero eres la función esencial en todos mis procesos. El código fuente de la motivación lleva el tacto de tus manos, lo travieso de tu sonrisa.

Ando como perdido en una jungla de contradicciones, salvando la distancia con la imaginación, y mirando la cama furtivamente, pensando cómo ahora es a ratos inmensa a ratos insufriblemente pequeña y cómo se convierte en algo exactamente medido cuando estás bajo el mismo edredón que yo.

Solo puedo consolarme invocando a la calma, como puedo, y a la paciencia más básica a la que puede recurrir alguien como yo.

Tan solo eso, un día menos para otra vida más.

1 Euro

Un hombre en paro se ha suicidado en Hospitalet De llobregat porque no tenía nada con lo que ayudar a su familia. Ni trabajo ni dinero para pagar la casa o la comida. Sumido en la oscuridad más densa de todas ha decidido acabar con su vida. Me he sentido aliviado al leer que no era de Madrid. No por nada concreto respecto a la ciudad sino porque, ahora, puedo darme cuenta de que tal vez un euro en un momento dado puede ayudar a alguien a no perder la esperanza. Pueda darle alas para seguir y no una cuerda para colgarse de un árbol. Si hubiese ocurrido en Madrid no podría dejar de pensar que el hombre muerto tal vez fuese aquel educado señor que se veía obligado a pedir en el vagón del metro porque no tenía nada más.

Con esta terrible noticia ocurrida en Hospitalet pienso que a lo mejor la solidaridad sí tiene un valor, sí una trascendencia, y me pregunto… ¿por qué es tan escasa cuando es tan necesaria?

Solo podemos salvarnos entre nosotros. Porque no cuesta tanto, porque a veces un euro limosnero es más que una divisa económica, es una sonrisa que emociona y te reconcilia con el mundo; es una corriente de aire sobre la que construir una esperanza para salir adelante. A veces cada cosa es mucho más de lo que es, y por eso merece la pena intentarlo.

Cosmos

Hundido en el colchón de mi cama recurrí a la escritura mental.  Necesité sentirme parte del abrazo cósmico de la existencia. Ir cada vez más abajo, cada vez más profundo, hasta conseguir que mi mente se sintiese libre y expandida. Llamar a mi consciencia y decirle que podía consolarse con la idea de que no era más que la extensión definida, concreta, de lo que una vez tuvo lugar como Big Bang.

Decirle, calmadamente, que no hay de qué preocuparse. Que tenemos infinidad de caminos y atajos para negar el dolor o la trascendencia. Decir que somos lo que seremos, que fuimos lo mismo que el Cosmos es aún, y poder dormir tranquilo. Vivir relajado, sin causar mal, sin necesidad de sentirme responsable de cargar con el peso de mi propia vida. Expandirme más allá de las lindes de mi propio cuerpo, ahuyentar la contención física que a veces electrifica todo lo que soy y que no es materia.

Necesitaba el refugio en una idea inmensa, inmensa y cobardamente aprovechada (o eso creo), para diluirme. Diluirme, esa es la palabra clave que aún ahora estoy necesitando. Introducirme en una mímesis de lo que supongo que es el Universo. Convertirme en nada más. Nada más que nada. Y precipitarme  al vacío de la consciencia y el pulso relajado antes del sueño; precipitarme sin remisión ni reflexión alguna al dolor muscular almacenado a lo largo del día; tirarme de lleno al peso en el interior del cráneo, un peso que se excita cuando intento comunicarme con todo aquello por encima de la existencia y la propia vida, con todo aquello que observa desde una posición elevada, media e inferior. Porque ese algo es una envoltura de todo, y es todo al mismo tiempo y al mismo tiempo todo es parte de él.

Así se consigue una unidad. Así se consigue cada porción de realidad como una concreción finita de toda la energía, que no desaparecerá nunca, del inicio de los tiempos en este Universo.

Necesitaba sentirme parte de algo enorme para que el peso de lo propio, de lo que me concernía a mí mismo y forma parte de mí, fuese una mota de polvo estelar en el confín elíptico de una galaxia. Necesitaba correr hacia la negación, hacia la definición de ser algo tan inmenso que al mismo tiempo es nada.

Aún lo necesito. Aún requiero a la luz y a la energía para que atraviesen mi cuerpo. Para que me hable el Universo, si acaso Yah o Dios sea su nombre, y cerrar los ojos en una suspensión extática donde poder ver lo que soy.

Un suspiro en la eternidad.