Hojas de otoño.

Los segundos crujen a mi espalda como las hojas de otoño que aplasto hasta encontrarte. En la noche camino de paseo con el viento, apretado en mi sudadera y con el pijama debajo del chándal. Le doy chupadas lentas a mi pipa y ese acto se me presenta como un símil fraudulento de cuando te beso.

El color está en tu piel y en cómo huele. La vida está algo perdida de cromatismo cuando no te encuentro, ya sabes. Pienso en una canción concreta, y antigua, que reúne todas tus verdades. Resulta raro que se te pudiera definir tantos años antes de que existieras.

En el autobús lo de siempre, solo que hoy me he echado una cabezada. Nada serio, solo un par de vueltas al segundero en su maratoniana labor. Creo que no se ha dado cuenta. Mientras me medio dormía escuchaba la conversación de dos amigos. No entendía muy bien qué quería decir él, pero sí que ella ha quedado convencida.

Teóricamente yo volvía a casa pero en realidad solo me he topado con tu ausencia. No suenas igual de bien a través del teléfono, eso deberías saberlo y por ello deberías hablar mucho más en persona. ¿Y mañana? Seguramente mañana apareceré con el cerebro licuado, restándole días al mes, estaciones al calendario.

No puedo hacerlo de otro modo. Trato de vivir cada instante, ya sabes, pero tú estás en todos; tú eres todos. Los lugares y las horas. Los días tienen tus sueños y las noches el movimiento de tus caderas. Es difícil dormir así, y muy complicado mantenerse despierto.

Pienso en la suerte como un conjuro extraño, arbitrario, pero siempre bienvenido si te trae de vuelta a mi pecho. Nunca te vas realmente de ahí. Si te soy sincero eres la función esencial en todos mis procesos. El código fuente de la motivación lleva el tacto de tus manos, lo travieso de tu sonrisa.

Ando como perdido en una jungla de contradicciones, salvando la distancia con la imaginación, y mirando la cama furtivamente, pensando cómo ahora es a ratos inmensa a ratos insufriblemente pequeña y cómo se convierte en algo exactamente medido cuando estás bajo el mismo edredón que yo.

Solo puedo consolarme invocando a la calma, como puedo, y a la paciencia más básica a la que puede recurrir alguien como yo.

Tan solo eso, un día menos para otra vida más.

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1 comentario

  1. Bruja said,

    noviembre 16, 2010 a 12:42 am

    Me encanta el otoño. Noviembre, que qué rápido se me pasa, tan naranja, tan tú, tan tus ojos.
    🙂

    Qué ganas de estar contigo.


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