No había puntos para la coordenada.

Hace un par de días intenté echarme un ojo dentro de un tiempo. Intentar mirar al futuro y poder decir ‘sí, ahí tengo un sitio’. Pero no pude. Me di cuenta de que en el espejo, al otro lado y más adelante, no había reflejo para mí. Me vi perdido. Sin coordenadas que definieran un punto que yo debería ocupar; no había yo.

En cualquier caso tampoco es extraño. No encuentro un camino. No sé dónde ha de estar, pero yo no lo veo. El qué haré, o de qué me ganaré el pan sigue siendo una incógnita. Años después sigue siendo tierra de costas esquivas a la que poder arribar. Es devastador en gran medida. No sé adónde voy.

Y está claro que si no sabes eso tampoco puedes saber cómo llegar. Me siento como un híbrido, un mutante, que debe optar por un camino intermedio sin poder intimar con ninguna de las especies que lo componen.

¿Lo peor de todo? Estoy agotado y el viernes de mañana acabará siendo un día vacío en el calendario. Necesito dormir.

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