Un acto de fe.

No esperaba que se fuera. Por un momento he pensado que permanecería, que los núcleos más íntimos se fundirían en una redención necesaria y justa. He creído, o supuesto, que la unión atómica de la oscuridad produciría una luz genuina, un equilibrio. Pero no ha sido así. No al menos por ahora.

Sin embargo ha quedado algo de redención, algo de unión satelital en torno a la división más fina y pequeña. Ha quedado una especie de luna girando alrededor de una tierra supuestamente monstruosa y sombría; ha quedado un electrón avivando el átomo que ama y requiere ser amado.

Porque nadie es buen juez para sí mismo, porque se necesita de los demás para la sentencia. Porque condenarse a la soledad desde cualquier premisa es una injusticia esencial y no se debe llegar a ella.

Se necesita a otros.

Es un acto de voluntad. Un acto de fe.

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