Siberia

Con el tuétano congelado al mismo nivel que el corazón no se piensa con certeza. Cruje a cada paso la vida, atemorizada por la cuchilla invisible del cosmos. El propio tiempo.

Debería intentar reconciliarme conmigo mismo; debería intentar vivir sin más, vivir pensando en escribir y escribir pensando en que ojalá me lean en cuenta de estar convencido de que caerán mis palabras en vacuo silencio.

Consigo engañarme diciendo que no puedo.

Por eso me hundo más en el silenci0. En el frío tras el giro de tu espalda cuando te marchas sin decir nada y yo emprendo el camino a casa, de nuevo, solo.

Solo observado por el termómetro de la farmacia que me dice que camino a bajo cero, que escribo a nada, que pese a tener mucho que contar no soy capaz de qué decir.

Me arropa el viento al llegar a mi calle. Si hiciera más frío en esta ciudad tendrían que cambiarnos el nombre por Siberia.

La sangre herida clama con todo el calor acumulado en mis venas contra mis sienes. Bum, bum, bum…

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