Exiguo, breve.

Me he despertado esta mañana, como todos los días, a las siete en  punto. Nada más levantarme he sentido la necesidad de mirar por la ventana y, como si nada, de súbito, he visto la luna llena, en la amanecida que entraba, cortejada por una leve comitiva de negrísimas nubes que buscaban la luz lunar que ellas mismas velaban en su afán de adquirir otro color. Y he sentido un vínculo antiguo, un remanente que subyace bajo la consciencia más analítica y supera todos los envites de lo que se denomina progreso, evolución y tecnología.

Breve, exiguo, ante la imagen de una  luna en almíbar, bañada en ámbar, alzada sobre las siluetas difusas de los edificios próximos. Alta sobre todas las cosas, sobre todos los nombres, regalando un encantamiento.

Una poesía.

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