La negligencia de mi humanidad

Hoy dormirá cobijado por sábanas rígidas de un marrón pálido, enfermizo. Unas sábanas que no ondearán a la brisa nocturna de los primeros compases de la primavera. Con suerte, a lo mejor, se le aparece un techo y duerme sobre suelo duro, aunque al abrigo, y pueda convertir sus sábanas en un improvisado colchón mientras obstaculiza la máquina que esclaviza al hombre, que lo aliena, que supedita su validez a los enteros que quedan en su nómina. Un colchón frágil, de un marrón pálido, de pura muerte. Quiero seguir asombrándome en la angustia, en mi inutilidad para remediarlo, cada vez que mis ojos intercepten la miseria.

Rezo, con mi corazón sostenido en la negligencia de mi humanidad, por que jamás se me antoje como algo normal. La pobreza no lo es; vivir en la calle tampoco.

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