Anómalo

Todo el mundo se marcha. Retorna el tiempo a su cauce lineal que aparenta no ofrecer sorpresas. La secuencia repetida continuamente, el mismo orden de las cosas y, curiosamente, esperar la anomalía que nos haga tomar constancia de que tenemos un lugar en el universo. Por pequeño que sea.

Ahora se supone que estoy trabajando. Realizo la formación práctica de mis estudios pero no hago nada más que lo que hacía antes. Pienso y trato de actuar; me equivoco constantemente; acierto en la base pero no siempre en la construcción. Pero dejarlo pasar, o retroceder, o echarse a un lado no produce nada.

Le doy a la cabeza respecto a escribir. Y creo que no hay sitio para mí en un momento como este. No es tan duro después de todo, hace ya bastante tiempo que me convertí en un ermitaño de mi sueño. Ayer me preguntaste si pensaba en escribir como objetivo de mi vida. Claro que sí, pero no creo que vea ningún libro con mi nombre ni mi nombre en ningún libro.

No encuentro camino al que mis pies se acostumbren a no ser que sea acompañando tus pasos. Pero hoy me siento cansado. Cansado pero bien, bien pero algo solo.

Han dicho en la radio que el cierzo despertará esta tarde. Será esa bestia feroz y de grito que ensordece quien me enfriará la piel de la cara y estremecerá mi cuerpo haciéndome recordar que hay calor que recibir y ofrecer. Me apetece zambullirme en el cierzo y no escuchar nada más que su voz eterna.

Suspiro… Echando de menos pero sintiendo un cosquilleo, que deriva en sonrisa, cuando me doy cuenta de que habrá más, de nuevo, de todo. Y no añoraré.

Simplemente recordaré, entonces como ahora, que estoy vivo y que merece la pena si crees que merece la pena.

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Mierda

– Joder. Qué mierda, tío.

– ¿Qué pasa? – pregunta, con la atención recuperada.

– Mira… – le enseña la faria pequeña que se ha comprado. En un movimiento de su mano la ha roto. No la ha partido, simplemente está resquebrajada. Podría partirla del todo, pero se queda mirando el ángulo que hace la pequeña muesca – vaya asco, colega.

– No la irás a tirar, ¿verdad? – pregunta, sonriendo-.

– Ya me dirás si no…

– Dámela y presta atención. – Ya no sonríe. Se adelanta y coge la faria herida de las manos de su amigo. – Ahora no pierdas detalle – coge su mechero y la enciende. No tira bien, pero tira.

– Tío, el humo se escapa por esa fisura. No jodas, ya compraré otra…

– Cállate, joder, y mira. El humo se escapa por ahí, es cierto, pero eso no es lo importante. Lo importante es que puedo fumarla igualmente, puedo disfrutar el sabor que llega, el remanente. Es más complicado fumarla así, eso es evidente, pero no es imposible. Además hay una certeza implacable… 

– Me pareces un pobre. Cuesta veintiún céntimos, no hace falta apurar.

– Veo que no lo entiendes… Cuando la ceniza rebase la pequeña rotura el sabor volverá con toda su fuerza para satisfacerme – sonríe de un modo casi hermano del fanatismo.

– ¿Y?

– Esa será mi recompensa. Haber disfrutado de lo bueno en lo difícil y disfrutar después cuando no haya rastro de la rotura, de la marca, de la herida.

Viento

He intentado cubrir tu cuerpo del viento frío que subía la loma del parque. Te he abrazado intentando darte calor, decirte que estábamos a salvo, que tu piel no debía estremecerse por ese aire hostil. Mientras sentía tu respiración, agitada en el pecho, yo hundía mi alma en el aroma de tu pelo. Al filo de mis pulsaciones, de mi corazón, me he zambullido en los recuerdos pero he nadado hasta la orilla de ese momento. Me he aferrado a ese instante, he imaginado. Y he visto su perfección equilibrada en el caos que une nuestros centros de existencia.

Ha sido, para mí, hermoso y tranquilo. Derribadas todas las fronteras de la realidad he pensado en ti y en mí, solos, bajo la mirada de los dioses. Y, al amparo de la luna, he sentido de nuevo tu risa, tus ojos, a ti entre mis manos. Estallando desde mis adentros hacia el mundo exterior.

Meaning

When nowhere means exactly where  i am in this now, in this very moment… In this time.

Sangre

Siempre tengo la mejor combinación de ideas mientras estoy lejos de poder escribir. O eso me digo para convencerme. Nunca me paro a hacerlo, siempre tengo una excusa para quejarme de mi desdicha al dejar pasar los brillantes textos que se pierden en sinapsis inútiles tragadas por el olvido. Pero a veces las recuerdo. Las recuerdo y las llevo a la vida y aunque sé que no son tan brillantes las escucho palpitar en mi satisfacción. Palpitan… Palpitan como la herida en mi mano. Como mi indefensión al imaginar la sangre corriendo distraída en un caudal frenético y perdido, sin destino… Pero sí lo había. 

Había un destino. En mi imaginación he visto esa sangre gotear desde mi uña hasta tu pecho. Lenta y cálida, con el aroma a metal, a hierro puro, descendiendo hasta tu vientre desnudo. He sentido el éxtasis, al sol del crepúsculo con la precisión más exacta posible, y he visto mis ojos entornados y mi cuerpo temblando mientras la herida dejaba escapar la sangre, hacía manar los sentimientos hacia una imagen tan irreal como perfecta. No he podido quitármela de la cabeza… Aún no me he atrevido a intentarlo.

Sentir la vida escaparse a través de una profanación accidental de la piel me reponía de lo perdido al imaginarla en la palidez de tus trazos. Puede que sea una enfermedad… Puede que sea el mayor defecto, la imaginación de lo ideal que en el cataclismo de los hechos será tan decepcionante. Pero no importa. No ha importado porque era mi sangre, mi imaginación, mi flujo esencial, rojo y brillante, adornando tu carne trémula y debilitada. Fortaleciendo los espíritus…

Y no había nada más que la imagen. Nada más que dos cuerpos desnudos, desdibujados por las circunstancias de la realidad que nos persigue, cobrando todo su esplendor en esas gotas precipitadas hacia el vacío más fértil. No me he preguntado por qué ni qué me pasa.

Me he dejado soñar… Y he imaginado tu boca, mi sangre, y he visto luz. Ha sido perturbador en cierto modo, me ha parecido poético. Perfecto… Por la imposibilidad esencial que entraña tal belleza. 

Abraza

Hoy he soñado que esperábamos un hijo y al despertar he sonreído por un instante, hasta que he comprendido la realidad que nos abraza. He comprendido…

Tanto

Tanto que lo único que te importa es saber que tranquilizas a esa persona; tanto que lo único que necesitas es que cuente contigo; tanto que no pides nada a cambio; tanto que no esperas nada más que pueda sonreír gracias a ti. Tanto que lo más importante es que desee descansar en tu pecho durante un abrazo; tanto que su felicidad es la tuya; tanto que apenas importa el tiempo que se queda en blanco; tanto que siempre se guarda algo de esperanza, algo que es bastante más que un poco.

Tanto que lo demás apenas tiene trascendencia, o peso, o valor; tanto que podría decirse que es todo o casi. Tanto que barrerías las distancias, las físicas y las del alma, con solo soplar. Tanto que con soñar que su tacto te alcanza puede estremecerse todo tu cuerpo.

Tanto que incluso puedes esperar mientras la vida sigue y, al mismo tiempo, seguir viviendo para aprender y mejorar, para tener algo mejor que ofrecer; tanto que pese a todo no hay arrepentimiento por casi nada. Tanto que sabes que, en la desorientación y la espera, las aguas volverán a su cauce. Tanto que aunque puedas estar convencido de que las aguas no lo harán sigues pensando que sí.

Porque después de todo… sigue siendo, habiendo, queriendo tanto.

Mentira

Pienso en el personaje. Erica tenía razón, la serie es buena y me está enganchando. El protagonista no puede escapar a sus capacidades, encuentra la mentira en el gesto de las personas. Lo conoce bien, y está atrapado. Sin embargo pienso en algo importante. Lo importante es salvar la vida, respetar los sentimientos y pensar que, de un modo u otro, cada uno tiene sus propias convicciones, su manera de hacer las cosas, y que no hay una manera única de corrección. Porque él, el protagonista, también oculta lo que sabe para proteger a quien quiere.

Porque aún la quiere, por supuesto.

Lo veo en la soledad de su despacho tras haber resuelto otro caso y pienso: ¿cómo puede vivir? ¿por qué está tan solo? Y supongo que es la posición que le ha tocado, similar a la de Jack, el maravilloso médico de la Isla en la que tanto tú como yo disfrutamos tanto.

A la respuesta a mis anteriores preguntas encuentro lo siguiente: cuando en los ojos de los demás ve sincera gratitud uno, a fin de cuentas, no puede sentirse solo porque esas miradas de alivio y paz te envuelven y te acarician, te dan un lugar, un camino.

Y eso, en un mundo donde la mentira está tan presente, es de un valor incalculable.

No

No puedo traicionarme a mí mismo ni renunciar a lo que soy. No me gustan los bares de fiesta porque prefiero estar en un sitio tranquilo pudiendo hablar con mis amigos; no me gusta la música a todo trapo ni beber para olvidar. No me gusta mi reflejo mientras el humo de un lucky strike trepa por mi rostro desde mis manos. No me gusta que me sugieran que me olvide de algo cuando saben perfectamente que ellos mismos no podrían, menos aún cuando es algo importante para uno mismo, incluso esencial, y cuando me conocen. Tampoco me gusta que lo hagan cuando no saben quién y cómo soy. Pero se aprecia el intento.

No me gusta tener que pensar que he de salir, cerrar la llave y tirarla. No me gusta tener que tomar decisiones que no me corresponden, y no lo haré. No me gusta plantearme rendirme en una lucha que creo que ni siquiera ha comenzado porque solo hay una parte presente. No me gusta.

No me gusta esperar cuando puedo tener algo y no me gusta ser impaciente. No me gusta.

Empiezo a pensar que el problema soy yo… Que no me gusto, aunque encuentre cosas de mí mismo que me agradan. Aunque solo sea una. Lealtad a aquello en lo que creo, resistencia; y tratar de aprender la lección de cada hecho.

Calma

En tu voz encuentro la firmeza que me es necesaria cuando siento que me tambaleo. Tus palabras encierran una sabiduría dolorosa pero al mismo tiempo desinfectante. De algún modo sé que en la tranquilidad de tu pensamiento, en la precisión de tus conclusiones y en la asombrosa neutralidad que mantienes, terminaré por deberte mucho más que gratitud. Es algo admirable. Constatar los hechos, exponerme el dolor y, al mismo tiempo, no negarme la posibilidad de que ocurra lo que más deseo.

Ojalá sí tenga algo tan digno como eso para ofrecerte. Porque creo que no eres consciente de lo balsámica que me estás resultando.

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