Encías

Por un momento me pregunto si pude hacer algo más, pero pensar en eso no sirve de nada. Aun así pienso que no, que lo di todo menos lo que se me ha quedado dentro, lo que ya no puedo volcar en el mismo sitio. Sin embargo, mientras tuve la oportunidad me tiré de lleno, salté al vacío y me dejé llevar por la sensación de caída libre mientras sonreía con los ojos cerrados. Hoy me pregunto qué significa la lucha, cuáles son las prioridades que de verdad importan; me pregunto si tiene sentido dejarse los dientes hasta que sangren las encías por algo que importa.

Sí lo tiene, estoy seguro.

Pero ahora a mí solo me queda observar el transcurso del tiempo mientras miro al horizonte para distinguir próximos acontecimientos, deseadas visitas. Para implorar un poco de suerte y algo de fe. Y de paso suplicar que las cosas no se desatiendan para que se enfríen y, de ese modo, tratar de eludir este dolor.

Un dolor que conoce todos los escondrijos, trucos y tretas. Un dolor que solo muere si luchas contra él hasta dejarte la piel, los dientes… hasta que sangran las encías.

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