Es el momento

Hoy me he despertado bien. Tenía algo que hacer. Me he encontrado con un amigo y hemos estado hablando un rato. Yo iba de camino a vender unos juegos de xbox que ya no uso para comprarme otro. En el momento de salir de la tienda me he dado cuenta de que el dinero aún significa menos cuando no tienes con quién gastarlo, ni por qué ahorrarlo. Puedo gastarlo en mí y eso es lo que hago. Pero no es lo mismo. Acabaré pobre antes de la cuenta pero no importa.

No importa el dinero ni tan siquiera el tiempo; menos aún si ese hombre permanecerá anclado a su silla de ruedas gesticulando, hablándole a las sombras de primavera que cruzan la avenida de Pablo Picasso en el aire de mayo. Me he sentido triste y animado a la vez. Aún puedo caminar.

Se lo he contado a Anna, le he dicho que hoy me siento de bajón y cuando me ha preguntado qué es lo que ha pasado para que eso sea así me he respondido a mí mismo: nada. No ha pasado nada, no pasa nada, y tal vez sea ese el problema. Que estoy fosilizándome en una forma antigua de lo que era, en un alguien que ya no es porque las circunstancias se han sucedido de la manera inequívoca en la que se borran unas existencias y se generan otras nuevas.

Supongo que los recuerdos seguirán guiándome a tus caderas, que mi boca hará el eco del arrullo que se escucha bajo tu vientre, que me hundiré en el precipicio de tus clavículas pensando en las veces que mi lengua recorrió esa perfecta horizontal. Y ahora veo todas esas imágenes como quien contempla la mejor película de la historia del hombre, deseando formar parte de ello pero sabiendo que al otro lado de la pantalla no hay nada para él, una pared que no significa nada sin la tela blanca y una tela blanca que no es nada sin el juego de luces y sueños del proyector.

El esmaltado suelo del centro comercial seguirá devolviéndome el reflejo desvaído de mí mismo porque no irás cogida de mi mano y los rincones de nuestras calles me preguntarán, de vez en cuando, dónde están esos abrazos con los que los hicimos estremecer al dejarnos el alma sudando en ellos. Y duele esa distancia; la distancia de ese que era yo y el que soy ahora; la distancia de aquella que eras tú cuando eras plenamente mía. Los pulsos más prístinos de mi sangre llevan sabor a metal y a tu piel… 

Pero yo no soy ese chico y no soy tampoco un hombre. Soy una larva en metamorfosis temblando de miedo por si mi exoesqueleto, la crisálida, se convierte en jaula final que no me deje estirar las alas. Solo yo puedo ahogar a la futura mariposa y en realidad no quiero quedarme como un gusano envuelto en la seda perfecta que me brindan el recuerdo y la nostalgia. Una cálida suavidad en la que sentirme a salvo porque era capaz de verle el sentido a todo. Al bosque completo, a las raíces y los insectos, a los frutos, incluso al futuro y al cambio.

 Y ahora estoy sujeto a un árbol, adherido a la esperanza y a la promesa de clemencia que la tierra les otorga a todos alguna vez y, hoy y ahora, yo me pregunto si habrá algún resto para mí. No puedo decir que no te ame. Ni quiero que dejes de hacerlo… Aunque no sepa, ni pueda o deba saber, dónde descansan y hacen noche tu corazón y tus pensamientos.

Sin embargo creo que es el momento de ser fuerte. Y rasgar la crisálida, abrir el corazón y susurrarle al mundo, con la esperanza de creer lo que digo, que no tengo miedo a otra herida en el corazón si vuelvo a poder volar para alimentarme de néctar.

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6 comentarios

  1. Ayu said,

    mayo 6, 2011 a 7:17 pm

    El momento ya debió haber sido, aunque dicen que más vale tarde que nunca, ¿no?

    🙂

    • Bruja said,

      mayo 6, 2011 a 7:33 pm

      Si se me permite la intromisión, Ayu, y sabiendo lo que me digo… el momento viene cuando tiene que venir. Cuesta, cuesta mucho y se suma la incertidumbre de no saber por qué tarda tanto, pero lo importante es que venga y agarrarlo bien fuerte.
      🙂
      Es lo que creo yo, porque también lo he vivido de algún modo.

      • Ayu said,

        mayo 6, 2011 a 7:49 pm

        No niego que venga cuando tenga que venir, en cierto modo eso es tautológico, sino que a veces no viene cuando debe venir.
        Sin más, mi perfeccionismo me impediría contentarme con algo que simplemente es aunque no sea cuando debe.
        Pero bueno, son puntos de vista, si al final todo es “doxa”, como siempre.

      • Bruja said,

        mayo 6, 2011 a 8:20 pm

        Ojalá viniera cuando debe venir… así el mecanismo se movería sin apenas problema, y nos ahorraríamos mucho sufrimiento. A veces ni siquiera la perfección puede controlar determinados sentimientos.

        Pero, como tú dices, Ayu… puntos de vista diferentes en personas diferentes 🙂

  2. Bruja said,

    mayo 6, 2011 a 7:26 pm

    No lo susurres. Grítalo si quieres.

    El mundo sigue girando y por eso mismo no nos queda otra cosa que poder, poder seguir adelante, de una manera o de otra. Aunque parezca que ahora ni siquiera palpitas, que los días son insulsos por definición y que estar serio es lo que más te apetece siempre. Yo te entiendo, lo creas o no, y sigues siendo tú el que lo sabe mejor que nadie.

    Saldremos, porque la única manera de rendirnos que se me ocurre es la muerte… Y eso no nos pega a ninguno de los dos, ni nos pegará cambiemos lo que cambiemos.

    Yo te leo, pequeño.

  3. Bruja said,

    mayo 6, 2011 a 7:27 pm

    Mira, dos coments casi a la vez… toma popularidad 🙂


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