Pájaro Carpintero

He recordado algo. He recordado cuando te esperaba y me esperabas, cuando nos esperábamos. He recordado que mis semanas empezaban en jueves, en días como hoy en los que había un color distinto, un olor diferente. El tuyo.

Miro hacia atrás y observo los días helados, recorriendo la inmensa avenida hasta el instituto, con el viento golpeando las entrañas, sacudiendo el tuétano. A veces me acordaba de mi padre, a veces de nada. Pero siempre sabía, cuando era jueves, que tendría calor para templar mi corazón.

Hoy es jueves. Y lo más maravilloso que ha ocurrido ha sido que un pájaro carpintero se ha posado a mi lado, mientras paseaba a Platón, y se ha puesto a comer al alcance de mi mano. Era precioso. Con la cresta moteada simétricamente, de un color anaranjado como las plumas a su espalda y, justo después de ese color, el plumaje se alternaba a franjas blancas y negras que convergían en un punto. Como puntas de flecha.

Se ha quedado ahí, buscando insectos que comer.

Hoy es jueves y mi semana termina. Pienso en tu sonrisa, en lo fuertes que se volvían tus brazos cuando buscabas mi pecho y en lo ligero que era el mundo, el tiempo, cuando podía hundirme en tu pelo. 

Pero ahora no es así. Nuestras sonrisas son diferentes. Los caminos, como ya hay indicios, que hemos de recorrer a buen seguro serán bien distintos y no será en mis brazos donde te refugies, ni en mi pecho donde descanses. Dónde lo harás no importa, importa que no será aquí, y duele… Pero seremos buenos.

Seremos buenos y nos alegraremos de la felicidad del otro. Recordaremos los días como hoy y los días pasados y pensaremos que ojalá nos esté yendo todo bien.

Y otros días anhelaremos los abrazos, y yo tu pecho y tú mi pelo. En un día cualquiera, en un jueves cualquiera.

Donde la esperanza volará al ritmo de las alas de un pájaro carpintero muy por encima del humo de un Golden Virginia.

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1 comentario

  1. Bruja said,

    julio 28, 2011 a 1:16 pm

    Suena raro, y a ojos de algunos parecerá incluso maquiavélico… pero yo también echo de menos esos días. Y es de lo más retorcido y doloroso que he sentido nunca.


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