¿Señor?

– ¿Qué os ocurre, señor?

– Desgracias. Fiebre; fríos y calores. 

– Pero es algo más.

– Desde luego.

– ¿Y bien?

– Que mientras yo encuentro fiebres y dolores ella halló ya de nuevo amor.

– No seáis cobarde o entrometido. Que por vuestro bien cerrasteis la puerta y lo que os duele es la sesera y no el corazón.

– Lo que vos digáis, hijo. 

– Lo que yo digo. Que la  vida pone a prueba a sus favoritos y vos, mi señor, lo que os ocurre es que estáis cambiando. Que a través de la fiebre y el dolor de los riñones se muere el niño perdido y solo que creyó ser monstruoso y se  va haciendo más el hombre.

– Parecéis mi abuela. 

– Con su abuela, señor, dispongo instructivas conversaciones. Sabia mujer.

– Y que lo digas, hijo, y que lo digas.

– ¿Algo más para el señor?

– Agua. Algo más de agua y de valor si pudiera ser.

– El valor es usted mismo. Que la fiebre no lo derribe, señor, que aquí todos lo admiramos por su templanza y su paciencia y su lucha.

– Agua… agua antes de que la fiebre me tueste las neuronas.

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1 comentario

  1. Ayu said,

    agosto 24, 2011 a 8:33 pm

    Ayer pido agua en un restaurante y me dice la camarera: “Mineral? Con gas? Natural?” Casi la mato, y me he acordado al leerte ¬¬.

    A ver si hablamos pronto…


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