Blood

He vuelto a casa, aquí, al viejo lugar de antiguas esperanzas y sueños anquilosados en el tiempo. Me ha costado entrar porque no acertaba con la llave y he venido por ti. He venido impulsado por la sangre que se encendió con mi sonrisa el otro día cuando, en el ascensor, te sobresaltaste contenta por un hecho nimio, pequeño. Me maravillé al ver cómo te alegrabas y pensé, sentí, supe que tú siempre serás capaz de sacarme una sonrisa aun cuando las más oscuras alas me lleven en su vuelo. 

He vuelto a casa y tengo mucho que contarte. No sé muy bien por dónde empezar porque en cierto sentido tengo miedo. Me gustaría tanto decirte que todo irá perfecto, que todo irá bien, que esta vez estoy a salvo… Pero dudo. No puedo confiar más en lo que vendrá, tan solo en lo que hay y ni siquiera me atrevo a eso. Te tengo que decir que camino paso a paso y que por eso, tal vez, ya no escribo apenas. Noté en tu voz, el otro día cuando comíamos con mamá, que me echabas de menos a través de las palabras. 

Te lo explico ahora, mi sangre. 

Tengo mucho que decirte pero no me atrevo. La experiencia, a lo largo de los últimos meses, me ha inculcado la paciencia a golpe de martillo, a templanza de yunque, y ando con el corazón agitado. Me dejo llevar por la idea feliz de que todo irá bien, de que… no hay por qué preocuparse. Y en cierto modo no lo hay. Tan solo de una cosa… Pero da igual. Quiero que sepas que aunque no escriba siempre tendré palabras para ti, palabras en voz viva de corazón, de alma, o en silencios llenos de mis ojos al verte.

Quiero decirte que aunque no me veas mientras miras solo tendrás que cerrar los ojos para sentirme; que te pienso a cada instante; que eres el punto en el camino al que miro si me pierdo, un punto que no me ata. Eres el aire que impulsa las alas que sanaste cuando más quebradas estaban. Tal vez ahora llore mientras escribo esto. Tal vez me regocije en mi suerte, en tus brazos firmes, en tu voluntad inquebrantable. En la forma de sacar lo mejor de mí, haciéndolo tan fácil… haciéndome ver que necesitas algo de mí cuando yo creo que no tengo nada que ofrecer. 

Pero sí lo tengo. Mientras esté presente en este tiempo tendré todo para darte. Un lugar en el que descansar, un río para enjugar tus lágrimas cuando las haya, un mural de satisfacción para que dibujes ahí tus sonrisas. A pesar de todo… A pesar de cuanto pueda ocurrir. 

Siento haberte hecho esperar mucho pero lo cierto es que no sabía qué decir, no sé qué contar con claridad, y eso a veces ocurre. Es terrible observar cómo se disipan las ideas, cómo se disuelve en una inventada fatalidad aquello que me define. Pero lo revives. Lo revives fácilmente, sin esfuerzo, sin tener que hacer nada más que mirarme porque da igual lo que digas. Porque puedo entender el significado real de tus palabras cuando hablas desde donde necesitas… Y por eso apenas hace falta que digas nada cuando me llamas para encontrarme. 

Han pasado tantas cosas. Ha cambiado todo. Somos distintos a lo que éramos… y soy más sabio porque sé lo que significa tener una hermana.

Sangre… Solo puedo decirte una cosa sin riesgo a quebrar el encanto. Tal vez, por fin, haya encontrado un nombre de esperanza. Tal vez… Aunque la inquietud persiste como tinta indeleble y, por eso y de nuevo, te necesito.

Igual que necesito mi propia sangre.

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1 comentario

  1. noviembre 14, 2011 a 3:41 am

    Amor. Y grande. No lo perdáis ahora que está ahí con más fuerza.
    Por cierto, me estoy enganchando mucho a Neurosis.
    Besos desde el frío norte.


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