Hogar.

Volver a lo que yo era. Convertirme de nuevo en el solitario afín a la intimidad. Reconciliarme con el silencio. He descubierto grandiosos tesoros en estos últimos meses y sé que serán la llave de mi felicidad completa dentro de muy poco tiempo. Pero ahora estoy cansado. Necesito ser el lobo que vive bajo la densidad del bosque, que observa, admirado, la fugacidad del agua contenida en el arroyo que corre río abajo. Sé que pronto comprenderé. Que dejaré de estar roto, incompleto, o perdido. 

Ahora necesito reorientarme. Buscar el hogar en el que anduve, de nuevo, y llenarlo de los nombres propios que he redescubierto. Volver a mí. Alejarme del ruido que inunda mi cabeza y salvar solo los sonidos limpios, puros, y perfectos que he escuchado. Por eso, cuando vuelva a mi sitio, al sitio de mí mismo donde yo soy yo y cada uno es cada uno y de nadie más, al oxígeno lo llamaré Laura. Así podré respirar bien, respiraré hinchando el pecho y sonriendo porque su pureza, su nobleza, su autenticidad y su carácter templarán mi temperamento, aliviarán mi sangre.

A la luz que entre cuando abra las ventanas la llamaré Erica. Así, en las estancias de mi hogar, siempre se verá con la luminosidad de las sonrisas. Y tendré su sinceridad, su transparencia, su cercanía y su calor empapando cada rincón, llenando cada sombra. Y las lágrimas no serán oscuras. Nunca en mi hogar.

Al placer de estar en casa, seguro, y a salvo se llamará Marcos.

A los cimientos, al soporte, a la dureza, tendré que llamarla Javier. Mi Javier hermano. Compartirá parte de él con Laura y Erica, por supuesto, pero eso es él. Él comparte, se ha compartido y dividido, ha sido apoyo silente, apoyo de gestos imperturbables, de oídos atentos y opiniones propias que no involucraban a nadie más. Sobre mí se asentará, conteniendo a Laura, a Erica y a Javier, el tejado que me protegerá de la lluvia inoportuna, del frío atroz, de la angustia y el miedo. 

Al tejado lo llamaré Mamá. Y será quien me proteja.

Cuando quiera salir a sentir la lluvia envolviéndome, la tierra besando mis pasos, de hombre o de bestia, cuando el viento cante en mis oídos y mi mente comprenda toda la poesía de la vida, cuando salga, me los llevaré con ellos. Así, cada vez que respire me llevaré a Laura conmigo, que es también mi sangre; así cuando el brillo de la luna me seduzca en el movimiento de las hojas estaré siguiendo a Erica; así, cuando esté exhausto, fatigado, y me apoye en un árbol fuerte y confiable, o me deje caer en el suelo, sé que estaré acudiendo a Javier; cuando duerma tranquilo, con las sonrisas de Erica, el oxígeno que me regala Laura y la confianza de Javier, entonces estaré con Marcos.

Y sobre todos ellos y a la par en ellos también estarán las estrellas. La sábana mágica de las noches en la tierra, que será mi madre.

Anuncios

1 comentario

  1. Sangre said,

    diciembre 17, 2011 a 5:11 pm

    Tendrías que ver mis ojos en este momento. Gracias por todas y cada una de tus palabras. Siempre conmigo, siempre contigo 🙂


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: