Path

El tiempo se me va escapando. Es una de esas tardes. La promesa de horas de ociosidad, de dedicarme tiempo y relajarme, se convierten en una cita a solas con mis pensamientos. A solas del mundo. Todo queda al margen y me derramo. Se hace todo demasiado enorme, o demasiado pequeño, y no soy capaz de guardar una proporción saludable. Buscarme un pasatiempo, hacer ejercicio, nada. Me quedo apático, sin sentimientos, solo pensando. Y llego a extremos raros incluso para mí mismo.

Pongo música. Buena música para descansar y contemplo a mi perro. Duerme plácidamente, ajeno, y de vez en cuando sueña. Debería hacer eso. Tumbarme a su lado, en mi cama, mientras la música suena. Mientras yo sueño. Solo quiero ver, comprender. Deshacerme en otra sustancia más voluble pero más completa. Aprovechar el tiempo, saberle encontrar el valor. 

Encontrar mi camino. El talento que se supone que todos tenemos y que yo aún no he descubierto. 

Me meto en el berenjenal de preguntarme ¿quién soy? ¿Qué soy? ¿Qué sé hacer? ¿Qué puedo hacer? Y todas esas preguntas se pierden en ecos silenciosos que rebotan hasta lo más ignoto de mi propio cerebro. Estoy perdido. Estamos perdidos, yo y mis yos. Nosotros. Qué interesante. Pero… Creo que todo va enfocado hacia el amor. El amor a hacer algo, el amor entregado a alguien. Obtener un sentido, aunque sea lejano al sentido real de las cosas y la realidad.

Sentir la euforia de decir: estoy vivo y lo he demostrado.

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