Oh, madre.

Oh, madre, observa a tus cachorros. Obsérvalos bien y comprende el cambio que se ha dado en ellos. Ya son lobos y ambos han encontrado el inicio de sus nuevos caminos. Míralos, madre, orgullosos de llevar tu nombre en cada aliento, de la fuerza que mamaron de tu pecho; míralos bien porque han crecido. Presta atención cómo el mayor de tu prole camina con la mirada fija en un futuro que desea y escucha cómo habla. Llora feliz siempre que los veas alzar sus rostros a la luna.

Escucha cómo aúllan, madre, los que para ti siempre serán tus cachorros. 

Porque el de los ojos naranjas se apoya en la de los ojos de hierba y arena; sangre de tu sangre caminarán juntos aunque se separen. Y lo mismo harán contigo sin importar cuánto se alejen o si por fin vuelven al origen de la manada. Ese que salió de tus entrañas siendo el primero se mueve en silencio y apenas le sale la voz. Está lleno de amor y ausencia, que se reparte en proporción al primero, y olfatea en el aire las oportunidades que habrá de aprovechar para tener a su compañera en este paisaje. 

Madre, madre, no estés triste aunque quieran irse porque en cada pulso del corazón llevan tus ojos, tu imagen, tu voz. Las enseñanzas que obtuvieron de ti. Yo lo sé de él, madre, lo sé muy bien porque solo espera ser tan buen padre, tan buen líder, como tú lo fuiste. No estés triste, oh, madre, aunque sufras por él. 

Aunque sufras por ellos. 

Porque no están solos, porque sus voces se encontrarán en el tiempo y doblegarán el espacio cuando venzan en esta lucha. Madre, ámalos ahora más que siempre porque están prestos a marchar hacia su futuro y te necesitan más que en cualquier momento de su pasado. De vuestro pasado. 

Y en su presente, así como en el futuro, no olvidarán que tú fuiste quien guió sus pasos, quien los ayudó, y les dio la oportunidad para ser ellos quienes hablen. Siéntete orgullosa, madre, porque tus hijos son fuertes y honestos, son sinceros y valientes. 

Oh, madre, obsérvalos cantarle a la luna. Esa melodía de aire gélido y vaho. De noches infinitas de incertidumbre. Están vivos y llenos de vida. 

Aman. Aman sin dudar. Amor de fauces y de sangre.

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