Somewhere

Tengo una casa en un lugar. La casa tiene jardín y está rodeada de prados y aunque los inviernos son duros no me preocupa. Además de esa casita, y su entorno donde mi perro corre libremente y feliz, también tengo un trabajo que me gusta. Y me gusta mucho más porque paso las horas pensando que volveré a casa y ahí te estaré esperando. Entonces, cuando vuelves a casa, salgo a la puerta para abrazarte, tú me sonríes, y vamos a la cocina donde preparamos toda la comida que nos apetece. 

Cuando la mesa está puesta a veces comemos sentados a ella y a veces en el suelo. A veces vestidos y a veces desnudos porque, en esa casa, hacemos el amor casi a todas horas. Después del banquete nos vamos al sofá y tú sigues sonriendo y a veces lloras, como yo, de alegría. 

Nos tumbamos y tú recuestas tu cabeza sobre mi pecho y vemos una película en versión original con los subtítulos en inglés. Hay días en los que tú te quedas dormida y días en los que me duermo yo. Y despertarnos el uno al lado del otro es lo mejor que nos puede suceder. Después de eso paseamos con el perro, lo vemos correr, olfatear, lanzarse a por nosotros. Y me gusta tanto pasear contigo de la mano… En el porche de la casa, porque tiene un porchecito de madera y piedra, pasamos a despedir al sol en su rumbo hacia el crepúsculo. 

Te miro constantemente. Te veo esperar a la luna. 

Y en esa casita, en ese porche, me veo feliz de estar contigo y tú feliz de estar a mi lado; solemos adivinar cuándo estamos pensando en engendrar el fruto de la unión de nuestros cuerpos y el hambre de nuestras almas. Tengo esta casa, en algún lugar, donde tú me esperas cuando llegas antes que yo del trabajo.

Es un lugar precioso que tengo marcado con una cruz y un círculo en el mapa de mis sueños.

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