The both of you.

Es cierto que no entiendo mucho cómo funcionáis pero sí sé alguna cosa sobre ti. No entiendo tampoco que me preguntaras qué hacer pero agradezco que lo hicieras, aunque supieras de antemano cuál iba a ser mi respuesta. Y sigue siendo la misma: adelante. Piensa una cosa. Si mañana el mundo se extinguiese yo desaparecería como polvo gris, ceniza, una sombra de tonos blancos hacia el núcleo del cosmos. Pero vosotros… Joder, vosotros seríais partículas de luz, el espectro completo de colores, que retornarían a casa haciendo que el universo se sintiese orgulloso.

Ahora mismo pertenecéis a ese grupo de afortunados aunque correspondáis el uno al otro y seáis regentes de un territorio propio que solo vosotros comprendéis por completo. Vosotros dos… ¿Qué más da si sentís la amenaza del tiempo? ¿Qué importa, pienso, si la sombra aciaga se cierne sobre vosotros? 

Claro que importa. Lo entiendo. Te entiendo… Pero piénsalo, ¿qué más da? Si mientras tanto vais a estar más vivos, más lúcidos, más intensos. Conozco tu tristeza, amigo mío, y por eso te animo a que sigas sin miedo. El miedo va a estar siempre ahí puesto que gracias a él hemos podido llegar hasta el momento en el que te escribo esto. Sin embargo no debes ser su presa. Así que acércate más a ella, hasta que solo habléis el idioma de la piel, y entrégate. Salta de lleno a sus brazos y acepta su llamada. 

Deja que ella, toda mujer, te guíe mientras camina sobre la línea del ahora o nunca. Porque estáis en un ahora o nunca y por eso sois el núcleo de la maravilla. Las notas vibrantes sobre una armonía ya compuesta pero no interpretada. Sois vosotros, artífices y elementos, quienes vais a darle un significado. Debes ayudarla a ser el acto… No escatimes. No cometas el error de ser prudente ahora para no sufrir porque eso te hará sufrir el doble. Puede que incluso el triple. Por eso te digo que avances. Que avances con los ojos cerrados pero no ciegamente. Toca, huele, saborea. Tu vista ya no está en tus ojos.

Eres parte de un privilegio que completáis cuando estáis juntos. Cuando os pensáis, cuando os preocupáis el uno por el otro. En cada película que compartís, en todos los sueños, en cada viñeta de cómic. No jodas, tío, no te niegues ser la fuerza de su valentía. 

Y vive, vive todos y cada uno de los instantes al máximo. No es una guerra contra el tiempo, no es una carrera contra el destino de todos los seres vivos… ¿Qué es? Es un regalo. Cada uno de los segundos que hagáis de fuego volcánico y viento celeste representa una oda a la vida. 

Este es tu regalo, amigo mío, este y ningún otro. Porque ella te ha brindado la oportunidad de vivir plenamente, de sentir por completo, de ser. ¿Y sabes por qué? Porque solo el amor nos salva. Así que no temas, no temas, porque yo estaré ahí cuando me necesites, cuando el dolor sea denso y oscuro, de petróleo en el alma, y te recordaré que estás viviendo algo maravilloso con una persona que, para mí, es la vida en su forma más mágica. Niña y mujer. Poder del que habrás de aprender y al que podrás enseñarle.

Dibújala en papel y en tus retinas. Deja un lienzo maravilloso en tu memoria del que te pediré, de vez en cuando, que me relates recuerdos. De ese modo, y esperando que no os sepa mal, seré parte de toda la felicidad que podéis llegar a acumular ahora en vuestros corazones.

Vamos, vamos… Vive la bendición con la que yo por ahora solo puedo soñar.

Vosotros dos. Ahora.

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Lips

Me apetece besar. Es la forma más sencilla de disolverse en el espacio y el tiempo. Me apetece besar, apoyar mis manos en la cintura de una chica, ojalá la chica, y avanzar a través del aire que separa nuestras bocas. Caminando despacio, sobrevolando esa vertiginosa distancia de unos centímetros. Unos centímetros nada más. Y llegar hasta sus labios. Cerrar los ojos mientras recorro cada parte de su boca encendida de ansia, de duda, y deseo. Tal vez temblando los dos cuerpos;  el alma agitada. 

Me apetece que ocurra porque cuando beso puedo recordar todo pero sin atraparme en nada. Puedo observar lo que aprendí sin que me duela lo perdido y compartirlo con esa persona nueva para renovarme yo a mí mismo. Es soñar con plena consciencia mientras la sangre sale impulsada del corazón acelerado llegando a cada músculo, activando todas las terminaciones nerviosas, llevando vida a la carne y a lo que palpita debajo de la piel. Besar es un viaje, cada beso, de hecho, es un salto en el tiempo, un recorrido de promesas y posibilidades que cada mente elabora o encuentra por sí misma de manera ajena a la otra. 

Pero aun así se implican ambos individuos. Es un egoísmo feliz y altruista. Besar consigue esas cosas. Besar es una puerta dimensional indiscutible.

Da sed y hambre y aumenta el sentido de la vista porque se hace con los ojos cerrados; incrementa el oído hasta el punto de escuchar a tu corazón. ¿Y el tacto? El tacto se dispara. Me apetece saltar al interior de esa vorágine, al centro nervioso de ese pasaje que altera todas las percepciones ordenándolas. Besar es, de un modo científico, pura magia. 

La inmensidad del mundo, del cosmos, de todas y cada una de las partículas se hace patente cuando se entrelazan dos lenguas, cuando se mezcla la saliva y se confiesan los secretos más íntimos. Porque al besar se libera la luz y la oscuridad y se habla abiertamente de ellas. De lo que nos da miedo y de la esperanza. De la fe, del recuerdo, de lo necesario para cada uno. Besar es la llave que abre las cámaras más profundas de la identidad de quienes se besan porque es un lenguaje de acto, emoción y sensaciones, y la palabra no puede delimitarlo en un párrafo de tres líneas. 

Besar rompe la gramática y la sintaxis y entrega un resguardo, un refugio, ilimitado e infranqueable. El entorno se silencia aunque un ruido ensordecedor te rodee. Aunque el mundo se quiebre y los cielos se abran no habrá tragedia para quien esté besando en ese momento porque su mundo será otro. Besar es eso. Besar es poderse olvidar del frío, mirarlo desde la distancia, ostentar una tregua invulnerable que no podrá traspasar mientras se sellen los labios, se suspire en el rostro de enfrente, se estimule el precipicio poético que empieza en la mandíbula y termina en el hombro. 

Me apetece besar. Porque me apetece, sin tener que decir nada, explicar cómo me siento, quién soy, y qué fantasmas pueblan mi reino.