Books?

Hay libros que desde la primera frase que lees sabes que te han dominado. Es algo inmediato. No se sabe cómo ya que en cada persona funciona de una manera distinta; a cada lector le gustan unas cosas u otras. Yo no sé si se debe a las palabras elegidas, a la construcción de la frase o, simplemente, a lo que yo creo que hay detrás de esa gramática y ese léxico. Pero es así. Ocurre. Lees la primera frase y te das cuenta de que quieres seguir investigando esa anatomía de diptongos, hiatos, subordinadas y disyuntivas. Te das cuenta de que ya no puedes escapar de esa presencia y anhelas seguir pasando ese cuerpo, página a página, hasta llegar al corazón y besarle los pulsos. 

Eso ocurre. Ocurre a veces y suele ocurrir más cuando más joven eres. Pero puede seguir ocurriendo, claro… Otros libros, de forma diferente, no te cautivan en la primera frase y, posiblemente, tampoco lo hacen en las dos primeras páginas pero te acomodas a ellos porque percibes, de algún modo, que hay algo valioso que se esconde bajo esa piel aparentemente fría o excesivamente cálida. Yo qué sé… Pero ocurre. Y cada noche vas leyendo un poco, y vas desnudando un poquito más de ese libro con cada página que pasas. Te acostumbras a apreciar ese libro, a que te acompañe antes de dormir. No sientes la necesidad instintiva de sumergirte con él desde tus neuronas sino que acudes a él a través de cierto deseo de seguridad, de estabilidad. El libro no te desafía en lo que dice pero te hace sentir bien cuando su desnudez te abraza. 

Ambos son buenos, quiero decir que ninguno es mejor que otro, pero durante nuestra vida hay momentos en los que preferimos un tipo de libro… Actualmente yo estoy plenamente decidido por el primer tipo de libro que he escrito aquí. ¿Por qué? Porque es locura. Permanecer enganchado, como adicto, a la sintaxis de las emociones que crecen desde cada capítulo; es eso, es ciertamente autodestructivo porque avanzar en la historia es acortarla, acercarte a su final… Algo en ti te dice que tras la última página solo existirá el vacío y lo que hayas podido destilar de la historia. Generalmente la conclusión tras este tipo de libros es algo así como: “¿por qué he sido tan estúpido de acabarlo?”. 

Pero no es culpa nuestra. De nadie. Es algo tan sencillo como lanzarse al fuego más puro, más blanco, más rojo, más feroz y tener el convencimiento de que quemará sin dolor y calentará sin asfixiarte. Esos libros son los que busco leer ahora porque de los otros ya he tenido durante mucho tiempo. Podría hacer lo de leer dos libros a la vez, hay gente que incluso lee hasta tres libros al mismo tiempo, pero yo no puedo. Yo soy leal de un modo insano, soy fiel, y prefiero apartar un libro de mí cuando no me atrapa que seguir quitándole la ropa y acabar uniéndome a él porque ya he llegado demasiado lejos y salir por piernas sería bochornoso. 

Eso es lo que pasa… Que me apetecen libros que me inunden los ojos y me hagan ese vuelco en el pecho. El salto mágico que nos convencemos, con el tiempo, de que es imposible que ocurra conforme vamos creciendo. Pero no, no es imposible. ¿Habéis imaginado sentir un libro así, como cuando erais niños de quince años, solo que con diez años más de experiencia y un montón de cosas aprendidas? ¿Habéis pensado hasta qué nivel podríais disfrutar de esa lectura? Yo sí y estoy seguro de que merece la pena el riesgo y el esfuerzo. 

Habrá tiempo para volver a esos libros cómodos pero por ahora puedo prodigarme en los que tienen esa magia; el misterio de la conexión directa entre las páginas, la tinta, los renglones… todo en un golpe directo al cerebro y el corazón. Libros que los miras y dices, sonriendo, que lo quieres llevar contigo a todas partes, descubrir lo que guarda, devorarlo con ansia animal y mimo. Mimarlo mucho también. Es eso. Todo se reduce a eso porque puede ser que uno de esos libros mágicos y locos tenga un final que sea, benditos los afortunados, una continuación entre ambos. 

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Fuck off

Hola:

 
Me llamo Rubén y tengo 26 años. Tengo cierta experiencia laboral, de cuando alcancé la edad legal para ello hace diez años y la responsabilidad propia me impulsaba a aprovechar los veranos haciendo algo al margen de descansar de los estudios; asimismo tengo dos titulaciones de FP II, en informática y en organización y gestión de recursos naturales. Y, al margen de eso, no tengo nada más en lo que a futuro respecta.
 
Supongo que cartas, correos o mensajes como este os llegan casi a diario (u os llegaban porque ignoro si seguís en activo) pero yo necesitaba desahogarme con alguien que puede comprender mejor mi situación o, sin ir más lejos, la de mi hermana que es la misma. 
 
En casa, por duro que parezca, la impresión que se acaba teniendo es que no curras porque no te da la gana o, hablando en plata, porque no te sale de los huevos. No es verdad. No curro porque no puedo. 
 
Porque sí que podría currar como eventual en promociones de supermercado para colonias o Huevos Kinder, yo qué sé, pero no es eso a lo que aspiro. Yo esperaba poder disponer de un trabajo serio, digno, con una remuneración mensual y una cotización a la seguridad social de modo que lo que yo he recibido pudiera devolverlo y, al mismo tiempo, poder afrontar la vida. Mi vida. 
 
No sé cómo explicar la impotencia de sentir que el tiempo se escapa, que llega un momento (seamos realistas) en el cual el tiempo ya no guarda promesas de futuro que harás realidad si te esfuerzas sino que guarda la seguridad de que ahora juega en contra. Vamos contrarreloj, o al menos yo siento que voy contrarreloj, y algo en mí aún no da crédito. Es como una de esas pesadillas en las que intentas correr para huir de algo y ponerte a salvo pero tus pies no se mueven o se mueven muy lento… Demasiado lento. No quería enrollarme pero veo que está sucediendo de nuevo; mareo demasiado.
 
Pero me cuesta evitarlo. Porque es realmente frustrante tener 26 años y querer trabajar y no poder. Lo siento pero yo no quiero ser reponedor en el Carrefour un domingo de cada mes, ni quiero montar los stands de Pantene en Hipercor, ni quiero tener que depender de una ETT que me llame cuando salga una vacante de dos días. ¿Soy idiota por negarme a ello? Tal vez… Pero de lo que estoy seguro es de que no tiene nada que ver con que no quiera trabajar.
 
Ya prácticamente desisto de utilizar el inglés (del cual pronto acreditaré un nivel C1, que no está mal), casi ni me planteo trabajar en el medio ambiente que es mi vocación y de algo relacionado con la escritura mejor ni hablar… Solo pido un contrato justo, de ocho horas al día y un salario digno que me permita independizarme y empezar a tener una  vida. 
 
Respecto a dedicarme a un trabajo que me guste lo dejo para cuando me acuesto todas las noches. En el reino de los sueños.
 
Así que ahora me veo en estas porque lo de trabajar fuera, lo de “ser aventurero” y buscar oportunidades en países distintos al mío, lo de la “movilidad juvenil” ya no cuela. Los países de destino exigen que conozcas algo de su idioma, el inglés es necesario pero no es la llave que abre las puertas. Ya no. Entonces quiero saber qué nos queda. ¿Seguir estudiando? ¿Con 26 años? ¿Qué hago, otro grado superior? No quiero acumular FP II como el que colecciona sellos o trofeos; ¿y sobre la Universidad? ¿Con qué dinero?
 
De verdad… Los que os fuisteis sufrís en la distancia pero ¿qué podemos hacer los que ya no podemos ni marcharnos? ¿Cómo vamos a dar el salto sin garantías? ¿Cómo es estar realizando un trabajo precario lejos de casa? No puedo ni imaginarlo… Ser casi explotado en un país que, por ejemplo, será presentado en España como el milagro económico; aunque da igual el país que sea. Estar siendo explotado en un lugar lejos del calor de los tuyos debe de encontrarse entre las peores pesadillas. 
 
No sé cómo plantearlo ya. Necesito un trabajo digno, necesito hacer algo con mi vida. No quiero hacer más putos cursos del inaem, no quiero seguir navegando en ofertas de cursos o “prácticas” de las cuales la mayoría no están pensadas para mi perfil puesto que tengo dos titulaciones de técnico superior y, en palabras textuales del gobierno, “tengo la suficiente capacidad y las herramientas para mi desempeño en el mundo laboral”… Es como si me dijeran que no van a sufragar más gastos en formación para mí, y los que compartan mi perfil, porque somos unos  vagos y unos maleantes. 
 
¿Qué podemos hacer? ¿Qué puedo hacer? Los CV que envío a distintas ofertas de trabajo van, estoy seguro, directamente a la carpeta de SPAM. ¿Hay alguna esperanza? ¿Hay algún futuro para nosotros? ¿Quedan, si acaso, palabras de alivio que llenen el vacío que deja el saber que se están desperdiciando los mejores años de poder físico y mental? Sé que son muchas preguntas pero deseo que no caigan en saco roto. En vuestra página he leído que tenéis ideas, respecto a la sección “Class Fight” fase 3… Podemos compartirlas. No sé… Podemos intentar algo. Hacer algo. 
 
Sentir, al menos, que podemos marcar la diferencia aunque pasemos hambre, aunque nuestros estudios no sirvan para nuestro futuro y beneficio… Merecerá la pena si conseguimos que toda nuestra formación y nuestras ganas de hacer algo sirvan para mejorar el futuro de los chavales que nos siguen y para los cuales, ahora mismo, veo lo que estoy viendo para mí. La nada más absoluta.
 
Por favor… Si necesitáis ayuda, en prácticamente lo que sea, contad conmigo. Hagamos algo… Cada día en casa es más jodidamente duro que el anterior y mis principales actividades (después de mirar ofertas, decentes e indecentes, de trabajo) son patinar y pasear a mis perros. 
 
Necesito más. Me da pánico enfrentarme a la idea de que un día estaré a punto de morir y posiblemente la respuesta a “¿qué he hecho en mi vida?” sea un simple “NADA”. Y en ese momento no me servirá pensar “es que no nos dejaron”. 
 
Gracias por estar ahí, simplemente por eso, y muchísimas más si habéis llegado a leer el mensaje. Sé que es triste. 
 
Pero es verdad.
 
Atentamente,
 
Rubén.