Curse

Iba a escribir otra cosa. Una historia supercurrada en la que tú fueras ella y yo fuera él y hubiese algo común en nuestro pasado que nos recordase una lección importante. Algo como un comentario macabro sobre el cáncer y fumar y una foto que te enviaría con dicho cáncer si me lo diagnosticaban. Recuerdo que cuando hice la broma salíamos de la sauna tradicional del arboretum; recuerdo que te cogí del brazo; recuerdo la electricidad correr a través de mi cúbito cuando aceptaste que lo hiciera. 

Joder, ahora acabo de caer en que esto no lo leerás; creo que no lo harías aunque supieses hablar mi idioma. Es igual, el caso es que he pasado de esa historia. Requería demasiado esfuerzo para lo que voy a decir, demasiada exigencia sobre la coherencia de la historia y la solidez de los personajes. Requería construir un universo dinámico, un cosmos viviente, que alimentase la situación y la escena. Un montón de curro para decirte, simplemente, que eres la chispa que no encuentro en ninguna otra chica. 

¿Para qué iba a inventarme dos vidas que colmarían su amor demasiado tarde? ¿Para qué recrear ese drama, por otro lado tan típico, si puedo simplemente convertir mi vida en palabras? He pensado en el tabaco. Concretamente he pensado en lo fácil que me resultaría dejar de fumar si estuviese contigo. Hace nada me he echado un canuto con Álex; dios, no te puedes imaginar lo alto que estoy volando ahora mismo. Me siento tan triste y tan bien al mismo tiempo. Me estoy liberando. La canción de fondo, la que te enseñé, me recuerda quién soy. Esa canción habla de mí… Soy yo y estoy a punto de llorar. 

Volviendo al tabaco… He pensado en cómo te explicaría que empecé a fumar para llenar los agujeros de dolor que me hicieron en el alma. Es difícil hacerlo incluso en mi idioma. Las heridas; las heridas llegaron tan adentro que el alma se me desgarró y de esas heridas, esos hoyos hondísimos de tristeza, supuraba la angustia. Una angustia que me devoraba el estómago mientras se asía de mi garganta con sus garras. Dolía de la hostia, dolía tantísimo que me daba miedo dormir por si soñaba. Empecé a fumar. En alguna zona suicida de mi cerebro se activó la idea. Fumar. Llenar esos hoyos con humo y contener la angustia y el propio dolor. Asfixiarlos en nicotina, ensuciar la sangre a cambio de acallar el alma. Me lo creí. Era una mentira conveniente. Dañarme paliaba, en cierto modo morboso que no alcanzo a comprender, el dolor que sentía.

Todo era así. Día tras día, ¿sabes? Una puta mierda. Mira, me ha venido todo esto de repente por culpa de algo que no te vas a creer. La puta película de Spiderman 2, de las nuevas, me ha hundido. No me malinterpretes, la peli me ha gustado muchísimo pero no esperaba que fuese a golpearme tan fuerte. Algo tan obvio. El amor… Dios, es incluso ridículo. El amor, y la tragedia del no amor más que del amor agotado. Y he empezado a desvariar y he vuelto a pronunciar tu nombre sin mover el aire. Apretando los labios y pensando si sentiría lo mismo si volviese a verte de nuevo. ¿Tendría sentido que no sintiese de la misma manera? No lo sé… Pero hay algo que me has hecho. Ni siquiera me importa que yo solo sea vapor de nieblas antiguas en tu memoria. Da igual si has olvidado mi nombre. 

El problema es mío y no quiero resolverlo porque es precioso sentir algo así. Me hace sentir vivo, dichoso, porque soy capaz de amar incluso sin ser amado. Pero lo daría prácticamente todo por hablar contigo, mirarte a los ojos, hacerte reír… Yo qué sé, todas esas historias. Todo lo relacionado con dos personas que no saben casi nada de ellos mismos, tan solo que tienen las mismas ganas de sentirse el uno al otro, de prevenir el arrepentimiento futuro de no haberse atrevido a vivir. Todo eso que sucede entre dos personas que se llenan mutuamente, que hacen del mundo un lugar mejor por el mero hecho de haberse conocido. El equilibrio mágico del cosmos. 

Todo eso que no tuvimos. 

Pero nos amamos. ¿Verdad? Durante un breve lapso de tiempo nos amamos y creo que fue ahí donde se reparó mi alma y se cerraron las heridas, se esfumó el miedo, la agonía de pensar que ya no había amor para mí se disipó en tu sonrisa, se fundió con tu voz convertida en dióxido de carbono que mis pulmones agradecían más que el oxígeno. Y cambié de planta y lo que fumo ahora me abre de nuevo al cosmos, y me mantiene consciente de que ese instante fue real, que te quedaste conmigo de tal modo que tu nombre se enrosca en mi espina dorsal y solo pienso en cómo me gustaría ver el mundo a través de tus ojos. 

La hierba que fumo disuelve mi ego y ya no soy hasta donde mi piel siente sino mucho más. Y te veo, siempre te veo, y vuelvo a estar hablando contigo cuando me dijiste lo que sentías. Es algo más importante que yo mismo. Es la fuerza que siento cuando pienso en tú y yo. En si perdimos una oportunidad o solo las pospusimos… Pero no tiene ni puto sentido esto último porque me dijiste claramente que no. Y la verdad que no espero ninguna revelación o epifanía que me diga que lo único que necesitas es que yo insista. No espero esa visión mágica pero la deseo con fuerza. 

Supongo que eres eso. La voz que conjura; el hechizo mágico que envolvió todos los átomos de mi cuerpo, de mí. Y yo fui el objeto, el fetiche. La cabeza reducida; el títere vudú. Tú eres mi maldición. Mi maldición feliz, el deseo unánime de todo mi genoma, mi destino y mi inicio. Tú, que no leerás nunca estas palabras pero que ojalá pueda leértelas un día y compartir contigo el sabor de estas lágrimas, eres eso. Mi vía láctea, mi sol, mi núcleo. Tú y tu recuerdo.

Como esta canción. Esta preciosa canción que me acuna. El sabor del cannabis en la boca seca. 

Saber que te esperaré siempre. Que cada día me preguntaré qué habría sido si no hubiese vuelto. Hasta que alguien distinto, ojalá tú misma, limpie la maldición.

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