Say

Veo con claridad, sobre el banco

bajo el calor de este atardecer,

se gesta el verano;

lo he visto, en la quieta belleza de ella, 

toda sonrisa y luz en sus mejillas;

también lo he visto en él, poderoso adonis

de piel mestiza, abrazándola, rodeándola 

hasta el aliento.

He querido decirles que eran tan hermosos,

que ojalá no sucumbieran al tiempo,

que supiesen pedirse perdón 

mas que no lo practicaran mucho;

He querido decirles que en ese momento

que he podido contemplar, se han unido

al cosmos.

Pero me he ido, pensando mucho con la lengua

atada; y he visto niños jugando, sintiendo 

el mundo aún como un escenario mágico.

Ajenos y tan propios. 

Tanto futuro, la impotencia del tiempo

en sus cuerpos. En esa edad no envejecen.

También he visto ancianos, cúmulos de carne

fláccida y melancolía; la soledad vestida de

domingo, calzada con mocasines. 

Y he sabido que no quiero terminar así,

que no es la muerte quien acecha 

sino la decrepitud, la degeneración 

de la carne y la mente; la muerte no es tragedia 

salvo cuando se precipita, si es que acaso lo hace.

No lo sé, no lo sé. 

Y no lo quiero saber. 

He visto tantas cosas hermosas hoy 

que he recordado la belleza de ayer; pese a que

mi vida gravite en la improductividad y la

apatía. Ayer también fue un día lleno de cosas

hermosas.

Un espectáculo invisible bajo la mirada 

del ajetreo, de las obligaciones, de la frustración.

Pero yo os digo que lo fue.

No sé cómo será mañana sin embargo… 

mas aseguraos de que decís todas las cosas

agradables que veis,

cambiad de ojos y admirad las cosas bellas.

Porque puede que no se repitan,

porque tal vez no duren más que 

el batir de las pestañas.