Somewhere

Tengo una casa en un lugar. La casa tiene jardín y está rodeada de prados y aunque los inviernos son duros no me preocupa. Además de esa casita, y su entorno donde mi perro corre libremente y feliz, también tengo un trabajo que me gusta. Y me gusta mucho más porque paso las horas pensando que volveré a casa y ahí te estaré esperando. Entonces, cuando vuelves a casa, salgo a la puerta para abrazarte, tú me sonríes, y vamos a la cocina donde preparamos toda la comida que nos apetece. 

Cuando la mesa está puesta a veces comemos sentados a ella y a veces en el suelo. A veces vestidos y a veces desnudos porque, en esa casa, hacemos el amor casi a todas horas. Después del banquete nos vamos al sofá y tú sigues sonriendo y a veces lloras, como yo, de alegría. 

Nos tumbamos y tú recuestas tu cabeza sobre mi pecho y vemos una película en versión original con los subtítulos en inglés. Hay días en los que tú te quedas dormida y días en los que me duermo yo. Y despertarnos el uno al lado del otro es lo mejor que nos puede suceder. Después de eso paseamos con el perro, lo vemos correr, olfatear, lanzarse a por nosotros. Y me gusta tanto pasear contigo de la mano… En el porche de la casa, porque tiene un porchecito de madera y piedra, pasamos a despedir al sol en su rumbo hacia el crepúsculo. 

Te miro constantemente. Te veo esperar a la luna. 

Y en esa casita, en ese porche, me veo feliz de estar contigo y tú feliz de estar a mi lado; solemos adivinar cuándo estamos pensando en engendrar el fruto de la unión de nuestros cuerpos y el hambre de nuestras almas. Tengo esta casa, en algún lugar, donde tú me esperas cuando llegas antes que yo del trabajo.

Es un lugar precioso que tengo marcado con una cruz y un círculo en el mapa de mis sueños.

Oh, madre.

Oh, madre, observa a tus cachorros. Obsérvalos bien y comprende el cambio que se ha dado en ellos. Ya son lobos y ambos han encontrado el inicio de sus nuevos caminos. Míralos, madre, orgullosos de llevar tu nombre en cada aliento, de la fuerza que mamaron de tu pecho; míralos bien porque han crecido. Presta atención cómo el mayor de tu prole camina con la mirada fija en un futuro que desea y escucha cómo habla. Llora feliz siempre que los veas alzar sus rostros a la luna.

Escucha cómo aúllan, madre, los que para ti siempre serán tus cachorros. 

Porque el de los ojos naranjas se apoya en la de los ojos de hierba y arena; sangre de tu sangre caminarán juntos aunque se separen. Y lo mismo harán contigo sin importar cuánto se alejen o si por fin vuelven al origen de la manada. Ese que salió de tus entrañas siendo el primero se mueve en silencio y apenas le sale la voz. Está lleno de amor y ausencia, que se reparte en proporción al primero, y olfatea en el aire las oportunidades que habrá de aprovechar para tener a su compañera en este paisaje. 

Madre, madre, no estés triste aunque quieran irse porque en cada pulso del corazón llevan tus ojos, tu imagen, tu voz. Las enseñanzas que obtuvieron de ti. Yo lo sé de él, madre, lo sé muy bien porque solo espera ser tan buen padre, tan buen líder, como tú lo fuiste. No estés triste, oh, madre, aunque sufras por él. 

Aunque sufras por ellos. 

Porque no están solos, porque sus voces se encontrarán en el tiempo y doblegarán el espacio cuando venzan en esta lucha. Madre, ámalos ahora más que siempre porque están prestos a marchar hacia su futuro y te necesitan más que en cualquier momento de su pasado. De vuestro pasado. 

Y en su presente, así como en el futuro, no olvidarán que tú fuiste quien guió sus pasos, quien los ayudó, y les dio la oportunidad para ser ellos quienes hablen. Siéntete orgullosa, madre, porque tus hijos son fuertes y honestos, son sinceros y valientes. 

Oh, madre, obsérvalos cantarle a la luna. Esa melodía de aire gélido y vaho. De noches infinitas de incertidumbre. Están vivos y llenos de vida. 

Aman. Aman sin dudar. Amor de fauces y de sangre.

Verdeygris

Le he dicho lo que pasa. Con claridad, simplificando las frases porque me cuesta hablar de estas cosas en una lengua que no es la de mi madre. Lo he hecho honestamente. Le he confesado que este país será, para mí y a partir de ahora hasta siempre, gris y verde como sus ojos. 

Pienso en que los argumentos de mi imaginación no trascenderán de la etérea sustancia del pensamiento y me deshago por dentro. 

Me entenderíais si la vierais como yo la veo. Es preciosa, inteligente, y en cada gesto desprende un universo que me cautiva. Me gusta tanto. La he recorrido miles de veces, sin tocarla, desde sus uñas de los pies hasta su frente. Necesito llorar si pienso que se esconderá y que todo quedará en un sueño. 

Su forma de sentarse mientras conduce, su mirada a través del retrovisor jugando a ser presa de mis ojos. Su sonrisa y su voz. Anhelo todo eso a cada instante y cuanto más la veo más ganas tengo de volverla a ver de nuevo. Pero parece que el fin se acerca, caminando seguro, y no es menos doloroso por ser más lógico. 

Qué frío tengo y cuánto calor intuyo entre sus brazos, en su pecho, con la sangre palpitando en los corazones ríos hondos y espesos de emociones imposibles de definir. Si sintierais su piel como la he sentido… pero os odiaría por ello porque quiero ser el único. 

Quiero ser el suelo de sus raíces y el cielo de sus alas; quiero que piense en mí y que se desvele por mi nombre igual que yo por el suyo. Sueño con ella. Continuamente  y sin importar si estoy despierto o dormido. Ahora me iré a caminar y no iré solo pero lo estaré mientras no la sienta conmigo. 

Es difícil comprender esta realidad sin que duela y la verdad es que los bosques me recuerdan sus pasos, los pájaros sus ganas de ser libre y el cielo, insondable y profundo, la potencia de su mirada. 

Si solo pudiera derramar alguna lágrima para aliviarme, aunque fuera brevemente, no pesaría tanto en el alma y relajaría las mandíbulas. Le dije que me gusta muchísimo y que podría quererla con todo, a fuego. Y me doy cuenta de que igual ya la quiero un poco. 

O más que un poco. 

No quiero vivir sin probar su boca ni escuchar sus jadeos. Merezco esa oportunidad… De tener amor de nuevo. Y por mí que yo sea su último que yo ya quiero que no haya nadie más después de ella. 

We

No negué tu nombre sino tu forma y entonces descubriste que soy la uva amarga de la que no obtendrás buen vino. Te busqué con ahínco y tus soldados y ministros solo pudieron convencerme de que me alejara. Supe que su palabra no habla de tu nombre. 

Pero te mantienes silente. 

Me fui de ti y nos negamos el abrazo porque tú eres pastor y no es negra lana lo que me cubre sino recio pelo de lobo. Ayer acudí a por mi redención pero sabemos bien que no puedo, ni quiero, renunciar a mis colmillos. Nos conocemos bien y por eso comprendemos que nuestras sendas son distintas.

Respetaré tu nombre y lo honraré honestamente a como te entiendo.

Sin embargo hace demasiado tiempo que comencé a vagar solo y aunque visite tu casa no seré hijo tuyo. Me encontré a mí mismo mientras te buscaba y aunque eso me hizo necesitarte más aprendí que nunca daría contigo.

Revelations

Soy la plaga que asedia tus rincones. Soy la marea ponzoñosa destruyendo tus puertos y tus costas. La nube de langostas que arruina tus cultivos. Soy enfermedad deteriorando tus fuerzas, el contagio blasfemo que ataca tu credo. En mí solo hallarás el camino al miedo pues mis formas son las del hereje. 

Soy la palabra que más odies, la mueca, el gesto amorfo del desfigurado. Soy el andar traumático y angustioso del tullido. La sombra de tristeza en el límite de tus sonrisas. Yo soy, sin gloria ni orgullo, la sangre corrompida, la saliva de la serpiente, la voz del exiliado. Es aquí que encontrarás la tragedia pues soy maldito. 

La nube que trae la lluvia tardía y extermina tus alimentos. Soy hambre y miseria devorándote. El humo que te asfixia; el fuego que consume tu esperanza.

Whistle

No te atormentes en la espera pues la vida es aguardar. Todos aguardamos. Incluso los que dicen que no aguardan y se afanan en hacer cosas. Esos también esperan. Tal vez más que nadie, más que tú, y se atormentan tanto. Seguramente más. La vida son las variaciones inesperadas del tránsito de la existencia. La vida no es la melodía sino las notas que la rompen. 

Por eso simplemente aguarda sin dolor pero no seas indolente. Espera en la tranquilidad pero aléjate de la pereza. Y tampoco confíes de más en el futuro. Aguardar las notas disonantes ya es apuesta más que digna. 

Disfruta entonces del tiempo lánguido, de las tardes lentas, de los días sombríos. Abrázalos porque son también hijos de tu ayer y padres de tu mañana. Abrázalos abrazándote y piensa. Que no hay prisa porque no la hay. Saldrás, tal vez, de tu casa en unas horas y ocurrirá algo que te reubique en el mundo. Tendrás un lugar.

En un breve lapso de tiempo todo cobrará sentido. Un sentido amable y feliz y luego, esa comprensión tácita con el alma del universo, se disipará hasta que vuelvas a encontrarla. Hasta que dé contigo. 

Así que eso es lo que queda. Camina por la melodía, silbando, cantándola. Agárrate a ella clavando las uñas y, en vilo, tararea la tonada porque la siguiente voz que des estará equivocada.

 

Ateo

Así te quería. De ese modo en el que solo pueden querer los niños y los locos. Perdidamente queriéndote hasta el tuétano. De ese modo tan único como él podía hacer te quería. Queriéndote tanto hasta doler y doler en el alma; en cada segundo, en cada pulso, te quería hasta en el aire que respiraba. 

Hondamente. Incluso, diría yo, te quería más hondo que el llanto angustioso y más arriba que el llanto de alegría. Así, sí, así te quería. 

Como un demente, un demente enamorado de su patología; como un escritor de la palabra; te amaba de manera visceral e ineficiente. Ineficiente porque no dosificaba la energía. Te quería en todas las vueltas del reloj, en todos los giros de la tierra, en el cortejo lunar en la inmensidad del cielo. 

En la brisa previa a la tormenta encontrarás una parte de todo el amor que te tenía. Ateo como era y construyó una religión de amor de la cual tú eras su iglesia, su fe, y también sus votos. 

Así que no me preguntes si es que acaso te quería sino cuánto te quería. 

Hasta los nervios de los dientes y las arrugas del paladar; en el vello; hasta en la raíz de las pestañas. Todo eso y más. Tantísimo. 

Sin excusas ni límites. Te quería a vida, a fuego infinito de calor de hogar y frío de tundra para arroparte. Pero más todavía. En los alimentos diarios y en los músculos cansados. Te quería ciertamente. De manera auténtica como el perro ama correr y el juego; te quería de forma criminal, por encima de cualquier ley y más allá de cada promesa. 

En cada gota de sudor, forma de nube o brizna de hierba. 

Te quería en el silencio profundo donde cobra sentido el habla, en sus manos encallecidas, en todos los pasos en los que te sujeta la tierra. 

Creo, niña, que te amaba tanto como a la vida a la que llamaba por tu nombre.

Pandora

Una parte de mí me dice calma,
me pide prudencia,
me ruega distancia.
La otra parte de mí 
se opone radicalmente.
Por eso soy una contradicción
preñada de impaciencia.

Pelícano

Solo tengo tres minutos. Dos y medio en realidad. Dos minutos y medio para retroceder a la experiencia y saber lo que ocultan esos trucos del cosmos. Sí, claro, puedo confiar. Lo he hecho tantas veces… Pero, ¿lo necesito? 

Creo que he aprendido. Sé todo acerca del precio aparente, del valor adjudicado y del coste real. La relación es… desproporcionada. 

¿No te gustaría sentirlo otra vez? Claro que sí. Me gustaría conocer de nuevo ese nivel de complicidad, me gustaría volver a encontrar mi cama llena y no medio vacía, me gustaría volver a compartir. Algún día lo haré, estoy seguro… Lo mejor es que ahora ya no necesito saber el cuándo. 

Ahora es suficiente con una buena canción de tres minutos o una de diez; ahora ya me sirve con la rutina y la demostración de que todo sigue dentro del plan. Por ejemplo estaba claro cómo acabaría ese partido: dos a cero a favor de los locales. Entraba dentro de lo previsto. 

No se salía del guión. Sin embargo me gustan esos regalos inesperados, esos destellos diminutos dentro de la longitud temporal de una existencia, esas chispas que nacen del choque de dos almas atenuadas, dándole otra magnitud; haciéndola importante. 

Pero eso es todo. 

Me detengo ahí, en el espectáculo de color y sonido, en ese génesis brutal de dolor y belleza de parto, a recrearme en la sonrisa que se rebela en mi rostro. A pesar de mi aura triste siempre sé dejar que una sonrisa gane la batalla. 

Eso es a lo que me refiero. 

No busco señales cuando solo hay silencio y no necesito encontrar, ya no, significado cuando las señales dan conmigo. Solo disfruto. Igual que disfruto dejando mensajes en el aire, poemas de amor en un banco en cualquier parte, o libros dedicados a algún desconocido. 

Deseo que alguien lea ese poema, que inspire el mensaje o que dé con el libro… Pero ya no espero que quien lo halle me encuentre. 

Puedo ver desde mí siendo yo mismo. Me he completado, poco a poco, con el paso del tiempo y así permaneceré hasta que vuelvan a romperme. ¿Me romperán de nuevo? 

Supongo que sí. Y si eso significa que habré vuelto a amar… entonces debo decir que lo espero. 

Sin embargo ya no soy quien era, y por supuesto que ya no soy en lo que me transformé. En otro tiempo habría tratado de retener todas esas luces, esos encuentros, esos nombres. Esas colisiones atómicas en el maremagnum de dos identidades secretas entre sí. 

Habría… querido retener a quien apareciese por casualidad y habría creído que era el destino.

Diez segundos de canción.

Para bien o para mal, ahora y de manera definitiva, yo soy mi destino.

Pregunto

Me pregunto si las excusas ganan al recuerdo. Si lo que fue se borra por lo que no fue para poder tener razón. Me pregunto en qué momento todos los milagros se convierten en humo y las deudas de lo prometido se hacen roturas en lo más hondo del pecho. Me pregunto cómo puede pasar. 

Cómo es posible que se convenzan diciendo que pesó más la vez que no estuviste que el beso que salvó el temporal. Qué clase de corazón abominado, sanguinario, puede dar crédito a las faltas obviando los tiempos muertos robados al mundo para crear un mundo secreto mejor.

Me pregunto qué se siente luego, al mirar atrás, cuando se comprueban las mentiras que se han dicho, los cambios improvisados de guión para satisfacer el final precipitado; qué se siente al acusar de mentir a quien te salvó desde su honestidad. 

Cómo es posible vivir, inquiero, sabiendo que se intentan dar razones de un dolor alegando un dolor más viejo que os hizo más fuertes, más dichosos, más amantes. Me pregunto cómo se puede intentar hacer lícita la ilegitimidad de hacer sangrar cicatrices que unieron. 

¿Cuál es el sentido? Me pregunto. 

Mirando atrás, en el tiempo muy lejos, veo que me respondes.

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